Rossana Sosa tiene cinco hijos, un bebé de 5 meses y otros de 15, 13, 12 y 3 años. Su esposo, albañil, viajó a Concepción para trabajar, pero a causa de la pandemia, se quedó sin empleo y sin poder regresar a su casa. “Para tener donde dormir y comer, está trabajando en una chacra haciendo changas, mientras yo veo acá con mis hijos cómo hacemos para sobrevivir”, cuenta Rossana. Ella es una de las impulsoras para la organización de la olla popular en el asentamiento Nuevo Horizonte, donde viven 30 familias.
“Si no hacíamos esta olla popular, no iba tener para comer ni para alimentarle a mis hijos”, asegura con los ojos llorosos.
Graciela Prieto es cocinera profesional, también desempleada desde el inicio de la cuarentena porque es diabética y por ende, pertenece a la población vulnerable. Vive hace 15 años en este asentamiento y junto con otras cuatro señoras, es la encargada de la preparación del menú diario. “Cocinamos con las donaciones que recibimos y cuando falta, colaboramos todos con lo que tenemos en nuestras casas”, revela.
Preocupada por sus vecinas que menos tienen, aunque ella también sobrevive de lo que come en la olla común, no solo pide donaciones de alimentos sino también de materiales para mejorar las precarias viviendas de las mujeres que le rodean. “Acá hay familias que ni siquiera baño tienen”, cuenta afligida.
Ante la ausencia del Estado y del gobierno municipal, las empresas y los vecinos que tienen un poco más son los que donan pollo, carbón, aceite y otros productos necesarios para la alimentación. “Hoy recibimos bananas y también les estamos dando un postre a los niños”, añade.
Las mujeres encargadas de la elaboración de la comida calculan que el gasto por día es de G. 250.000, como base. Critican que, a raíz de las ayudas del gobierno a través de los programas Ñangareko y Pytyvo, los supermercados de la zona subieron dramáticamente los precios de los productos para la alimentación. “No todos los supermercados tienen el sistema para pagar con Ñangareko, pero los que sí, subieron tanto sus precios que ahora una plancha de huevo encontramos a más de G. 40.000. Es una vergüenza como meten la mano en el bolsillo del pobre. No porque el gobierno te dona, vos le vas a robar a la gente pobre. Eso no se hace”, se queja Graciela.
Ayer la fila de niños fue para retirar caldo con albóndigas. Otros días los menús son pollo con arroz, guiso, tortilla con ensalada de poroto, y para la tarde, cocido con coquito. Esto para muchos es también la cena.
La comunidad solicita la donación de más alimentos para continuar con las ollas populares, comunicándose al 0984 437814 o al 0984 528263.