Inepto, costoso y mentiroso

En poco tiempo y volviendo a exhibir su proverbial ineptitud, el CODI y su FTC incurrieron en un trágico error que causó la muerte de un inocente y en un fiasco informativo que puso al presidente Mario Abdo Benítez en un reverendo ridículo. No les bastó con haber ultimado a un cazador confundiéndolo con un miembro de la banda criminal ACA-EP. Para reivindicarse, creyeron oportuno autoatribuirse la muerte de cuatro forajidos, gracias a “una información muy bien lograda de los órganos de inteligencia”. No tomamos partido ni en favor ni en contra de estas fuerzas gubernamentales, pero no aceptamos que se obligue a los contribuyentes a continuar financiando con mucho dinero a un grupo que ha demostrado sobrada ineficiencia, y ahora pillada en plena mentira.

En menos de dos meses y volviendo a exhibir su proverbial ineptitud, el Comando de Operaciones de Defensa Interna (CODI) y su Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) incurrieron en un trágico error que causó la muerte de un inocente y en un fiasco informativo que puso al presidente de la República, Mario Abdo Benítez, en un reverendo ridículo. No les bastó con haber ultimado al cazador Antonio Espínola confundiéndolo con un miembro de la banda criminal Agrupación Campesina Armada - Ejército del Pueblo (ACA-EP). Para reivindicarse, creyeron oportuno autoatribuirse la muerte de los forajidos Elizandro Balbuena, Fredy Florenciano, Víctor Mariz y Emiliano Romero, gracias a “una información muy bien lograda de los órganos de inteligencia”.

Es lo que en la tarde del viernes le habrían dicho a Marito el capitán de Navío Óscar Chamorro, comandante de la FTC, y el coronel Narciso Domingo López, jefe del CODI. La noticia fue trasladada a los medios de comunicación por el teniente coronel Luis Apesteguía, vocero del “bloque”, quien habló de dos enfrenamientos: al mediodía, “se dio de baja a tres criminales”; hacia las 16:00, “cayó un cuarto”. Pero, en medio de un gran bochorno, la noticia fue desmentida el sábado por fuentes del Poder Ejecutivo, que atribuyeron el hecho a una red de narcotraficantes; lo mismo hizo el lunes el agente fiscal Federico Delfino. Es de señalar que el jefe de Estado había tenido la prudencia de no revelar la supuesta operación exitosa, dejando “a cargo de los voceros de la FTC hacer un informe oficial de todo lo ocurrido”; en el remitido al agente fiscal Pablo Zárate, ya solo se refirió que hacia las 12:30 se oyeron disparos de armas de fuego y que, tras verificar el entorno, fueron halladas tres de las víctimas mortales; la cuarta habría sido descubierta luego de otras detonaciones. ¡Habrase visto mayor escándalo en torno a esta desprestigiada fuerza operativa!

Vale apuntar que, una vez evidenciada la chapuza informativa, el capitán de Navío Chamorro dijo cuanto sigue: “Nosotros, simplemente, transmitimos lo que nos consta. Las otras versiones no podemos opinar al respecto, porque no nos consta el origen”. Recuérdese que antes había sostenido que los cuatro criminales habían sido muertos por las fuerzas especiales infiltradas en la zona, dato corroborado por el coronel López. Se plantea la cuestión de quién o quiénes brindaron al teniente coronel Apesteguía la falaz “versión” que, por su parte, dio a conocer a la prensa, suponiendo que no haya tenido la iniciativa de inventarla; no es absurdo presumir que algo tuvieron que ver el jefe del CODI y el de la FTC, que ya habían hablado con el Primer Mandatario antes del anuncio.

El cuestionable episodio –uno más de los tantos protagonizados por dicho “bloque”– remite a un asunto de suma importancia, que tiene que ver con la credibilidad. ¿Son confiables las fuerzas encargadas de combatir a las bandas criminales? En otros términos, habiéndose evidenciado una grosera falsedad, es legítimo preguntarse cuántas veces ya se ha mentido a la ciudadanía para justificar una “inversión” de 270 millones de guaraníes diarios que, hasta la fecha, ha resultado fallida. Dado que los embusteros nada tienen que hacer en la fuerza pública, se aguarda que el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas –el Presidente de la República– tome las medidas que la crítica situación demanda. Aquí cabe la duda: o le mintieron a Marito, o él formó parte de la farsa.

De una vez por todas, hay que librarse de tanta basura acumulada: ya se hicieron varios cambios, pero todo sigue igual, como si las fuerzas militares y policiales solo estuvieran integradas por ineptos y mentirosos. Engañan a la población que les paga un sobresueldo por la tarea que tan mal realizan, y al propio Marito, según los indicios.

Tal como se ven las cosas, no hay razones para esperar que las bandas criminales sean derrotadas: el problema no es la falta de costosos equipos, sino de idoneidad y de honestidad. El Presidente de la República tiene que adoptar decisiones drásticas. Lo que está en juego es muy grave como para que se tolere tanta inutilidad, tanto desparpajo para dar la impresión de que algo se está haciendo, mientras permanecen en cautiverio los compatriotas Edelio Morínigo, Félix Urbieta y Óscar Denis, y los criminales agavillados siguen infundiendo el temor entre los hombres y mujeres de trabajo.

El Gobierno mal podría quejarse de la impaciencia de la gente. Hasta se diría que se corre el riesgo de que ella se habitúe, con el correr del tiempo, a que se rapte, se destruyan bienes, se mate hasta por error y se mienta descaradamente, como si fueran actividades normales. Es preciso evitar que se llegue a tal extremo y sancionar a quienes se burlan de la ciudadanía con informaciones falsas, como si no les bastara con defraudarla durante ya largos años. Como bien sabrá el Jefe de Estado, esta tomadura de pelo al pueblo paraguayo debe tener su condigno castigo.

No tomamos partido ni en favor ni en contra de estas fuerzas gubernamentales, pero no aceptamos que se obligue a los contribuyentes a continuar financiando con mucho dinero a un grupo que ha demostrado sobrada ineficiencia, y ahora pillada en plena mentira.

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