Quienes formamos parte de este fenómeno llamado “el modo covid de cursar”, jamás imaginamos que el siglo XXI nos encontraría como una especie de Cometín Sónico rindiendo cuentas académicas a un monitor.
Como cursante de un posgrado, ayer sábado nos tocó a unas 60 personas dar un examen en el módulo Educación Superior, a cargo del Prof. Lelin Ferreira Costa, en la plataforma Classroom. De dicha experiencia que presupuso pasar por todas las etapas de aprendizaje, sacando lo presencial podemos decir cuatro cosas: 1) La virtualidad es un desafío para los profesores y profesoras que ponen todo su esfuerzo y creatividad para transferir conocimiento en un ambiente en el que más del 90% de los educandos paraguayos no estábamos familiarizados. 2) El Ministerio de Educación y Ciencias debería tomarse muy en serio el incorporar la materia comprensión tecnológica en su currículo. Muchas de las dificultades que se presentan en el proceso tienen que ver con el estrés que genera a algunos no manejar la tecnología de manera óptima. 3) Democratizar la tecnología a los efectos educativos debería ser una cuestión de Estado. La educación virtual presupone una erogación extra. Asistir a videoconferencias, hacer tareas y otras cuestiones académicas conllevan una inversión importante en términos de compra de paquetes de datos y ni qué decir cuando también hay que adquirir una computadora nueva o un teléfono acorde. 4) La educación a distancia en tiempos de pandemia no es tirar tareas a mansalva sin tener en cuenta el contexto tecnológico de cada estudiante o cursante. Algunos profesores han entendido muy bien esto y han apuntado al análisis antes que a la sucesión de trabajos sin lógica ni orden.
En definitivas, la tecnología en la educación ha llegado para quedarse, la pregunta es ¿Cuándo será que las autoridades del MEC se tomarán en serio esto y obrarán en consecuencia contestes con el esfuerzo que hacen profesores y cursantes?