Pero no lo hicimos…
En el mes de enero que transcurre y en todos los años de la guerra, se sucedieron acontecimientos que pudieron motivar, según los fundamentos de la citada Ley: “…acciones que expresen una política nacional de conmemoración de la Epopeya Nacional y comprensión histórica de la ‘Guerra contra la Triple Alianza’, tendiente a la revalorización de la historia de la República del Paraguay y la afirmación de la identidad como nación heroica” (sic). Pero habremos podido notar los paraguayos, tampoco pasó nada de esto …
Van como ejemplo algunos hechos fulgurantes de este mes:
El 2 de enero de 1864 era creado un campamento de instrucción militar en Cerro León, a 8 kilómetros de Piraju; el que, en opinión del mismo presidente Francisco Solano López, era con el de Humaitá, la más completa instalación militar que tuvo el Paraguay antes de la guerra.
En todo el mes de enero de 1865 y desde el 14 de diciembre anterior, fecha en que partió de Asunción el primer contingente paraguayo hacia el norte, fue desarrollada la Campaña del Mato Grosso. Para la misma, la fuerza paraguaya estuvo a cargo del coronel Vicente Barrios y la misión concretó la captura de las plazas brasileñas de: Coimbra (Diciembre 29/1864), El Dorado (Diciembre 29/1864), Miranda (Diciembre 31/1864), Albuquerque (Diciembre 31/1864), Corumbá (Enero 1º/1865), Nioac (Enero 2/1865); Villa Miranda (población distinta a Miranda; Enero 12/1865) y Coxim o Cochin (Abril 24/1865).
En el puerto de El Dorado se tuvo que lamentar la muerte del teniente de marina Andrés Herrero, del alférez Pedro Garay y de 23 soldados, debido a la explosión de municiones y pólvora.
Durante estas acciones, también fueron capturadas la cañonera “Anhambahí” y la “Jacobina”, abandonada esta por su tripulación. La cañonera pasaría a formar parte de la flota paraguaya con el nombre de “Amambay” y sus restos se encuentran hoy en “Vapor Kue”.
Campaña del Sur
El 16 de enero de 1865, se iniciaba la marcha de la columna del Sur, cuando el sargento mayor Pedro Duarte cruzaba el río Paraná frente a Villa Encarnación, para establecerse en un campamento a orillas del arroyo Pindapói.
Un año más tarde, el 31 de enero de 1866 y ya próximo al desarrollo de las acciones de guerra en territorio paraguayo, se producía la Batalla de Corrales. El hecho se produjo cuando las tropas del teniente Celestino Prieto fueron atacadas por una división de caballería argentina y otra de infantería de la misma procedencia con un total de 4.600 componentes. Después de cinco horas de lucha, los argentinos se retiraban dejando en el campo a varios oficiales muertos -entre los que se contaban cuatro coroneles- y habiendo sufrido más de 900 bajas, entre muertos y heridos.
El 26 de enero de 1867, el general José Eduvigis Díaz resultaba gravemente herido frente a Kurupa’yty. Se encontraba en un bote realizando algunas observaciones sobre la posición de la escuadra imperial, cuando fue descubierto por el enemigo. Un disparo de cañón desde uno de los buques hizo que el proyectil impactara en el agua a 30 metros de la embarcación de Díaz y sus acompañantes. El “efecto rebote” del disparo les dio de lleno destrozando una de las piernas de Díaz.
Rescatado de las profundidades del río por el sargento Koatï, el vencedor de Kurupa’yty fue trasladado a Paso Pukú donde fallecería el 7 de febrero siguiente, como consecuencia de la herida gangrenada.
Desde enero de 1868, las mujeres evacuaban la zona del “cuadrilátero”. Desde el retorno de los contingentes paraguayos al territorio nacional tras el fracaso de las campañas del Sur (el teniente coronel “Laku” Estigarribia capituló en Uruguayana y la columna de W. Robles retornó bajo el mando del coronel F. Resquín), gran cantidad de mujeres habían concurrido a Paso de Patria. Pero iniciado el año ‘68, el mariscal López ordenaba que aprovechando las facilidades del camino del Chaco, aquellas debían regresar hacia sus respectivos pueblos. Solo permanecerían aquellas que estuvieran afectadas a los “indispensables servicios de limpieza, enfermería y cocina. Las mujeres -se insistía- no estaban autorizadas a portar armas “ni servir en las trincheras”.
El 25 de enero del mismo año, “El Semanario” ofrecía la respuesta del gobierno sobre la solicitud de las mujeres paraguayas de armarse para pelear en los combates: “¿Qué son una o dos horas de combate en comparación con la ardua y heroica dedicación de las hijas de la Patria en labrar la tierra para mantenerse a sí mismas, mantener a sus familias y a nosotros mismos?”. Estas palabras atribuidas al Mariscal determinaban la decisión oficial de no admitir a las mujeres en el frente de lucha enalteciendo al mismo tiempo la labor de las mismas en la retaguardia.
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