Paí entre Tánatos (el Vaticano) y Eros (la selva)

Sobre la primera novela del antropólogo y sacerdote salesiano José Zanardini, italiano de nacimiento y paraguayo por adopción.

Portada del libro de novela del antropólogo y sacerdote salesiano José Zanardini.
Portada del libro de novela del antropólogo y sacerdote salesiano José Zanardini.Archivo, ABC Color

«Ñande Ru Guasu ha puesto como guardianes a numerosas especies de serpientes: mbói chini, jarara, ñacanina, mbói hovy, curiju…»

Entre la selva y el Vaticano (Asunción, Criterio Ediciones, 2020), novela de José Zanardini, es una narración cándida, desde la perspectiva de un cura extranjero (aquí, canadiense. Un dato curioso: según el censo del 2016, la población indígena de Canadá es un poco menor que la población de la Gran Asunción, de 1.673.000 personas), sobre ese inasible correlato empírico llamado Paraguay. Cándida literariamente, por lo limitado de sus recursos: los personajes se ponen a hablar como artículos periodísticos o ensayos de divulgación sociopolítica. Y, sobre todo, por su visión, tan plana, de nuestro país. Su amor por los indios, en retirada a causa de la cultura necrocapitalista de la soja y el vaka ro’o, al mismo tiempo reduce y aplana al paraguayo común, simple conversador de fútbol y bebedor de tereré. Las buenas intenciones están sembradas de grandes omisiones. El gran chamán Nyben (un nombre muy poco guaraní) nos explica qué es tekoporã y qué es tekovai, dicotomía que hubiera hecho las delicias sádicas de los filósofos posmodernos. Suelta su casesito de siempre: la tierra sin mal. También nos enteramos de que los guaraníes migraron al Paraguay desde lejanas regiones asiáticas. Y su explicación de la poligamia es genial: «…incluso el hecho de tener más de una esposa se debe a que esas esposas recogen más productos y así el cacique puede distribuir más bienes a los demás integrantes de la comunidad». Para Raúl (alter ego del autor), los indios del Paraguay son comunistas cristianos. En la novela, el EPP se llama GAP. El cura canadiense recibe el tratamiento de la pileta cuando la hija del comisario, y amiga del cura, es secuestrada por este grupo terrorista. También es ficticio, aparentemente, el pueblo: San Antonio Milagroso, ubicado hacia Ciudad del Este, teniendo como frontera la ciudad brasileña de Guairá. Quizá por Amambay, pues el Jasuka Venda es mencionado en uno de los capítulos, cuando el chamán Sadeki visita a nuestro protagonista y lo guía hasta la cueva de las serpientes. Una frase kafkiana, de las tantas que abundan a lo largo del libro, es: «en Paraguay los hombres son machistas». Raúl toma cervecita y café con caña, vive en una robinsoniana cabaña solitaria en un cerro indígena, fuma pipa con pety local hamacándose en su kyha atado a dos tajys, su visión de Dios es medio herética –Dios, si existe, es alegría, nos dice, y ¿dónde más que entre las piernas de una mujer puede uno encontrar alegría?–. Hay muchos datos superfluos para un lector paraguayo: por ejemplo, cómo se prepara el cocido; lo único que sacamos en claro de todo esto es que el autor no es paraguayo.

Sí merece mención el extraño ritual antropofágico que se describe en las páginas finales: las cenizas de un muerto mezcladas con bananas.

Hay una leve cercanía entre este libro y El tigre azul, de Alfred Döblin: los dos saltan de los laberintos hovy de los montes parawayensis a los pasillos áulicos del Vaticano. Aquí predominan los salesianos; en la novela del alemán, los jesuitas. Por lo demás, literariamente no hay punto de comparación entre el médico, un novelista consumado, y el cura, un recién llegado y ocasional en la literatura.

El protagonista, medio hippie a veces, otras es casi papista, como cuando visita Roma y se emociona por entrar por primera vez al Vaticano y ver al papa Nicasio I, que según la novela estuvo en Caacupé y la Costanera en el 2015.

La selva es eros porque la última noche del cura salesiano en el Paraguay la pasa guarecido con cinco nativas en su choza tropical.

José Zanardini es un antropólogo educado en Londres y sacerdote salesiano italiano que reside desde la década de 1980 en el Paraguay. Vivió en aldeas indígenas del Chaco, en especial entre los ayoreo. Fue presidente del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (Ceaduc). Escribió, entre otros libros, Los indígenas del Paraguay (2001), en coautoría con Walter Biedermann, y Textos míticos de los indígenas del Paraguay (1999), compilados con Miguel Chase-Sardi. Hace poco intervino, con una carta dirigida a la actual directora de la Asociación Indigenista del Paraguay (AIP), en el affaire Chase-Sardi, acusado arbitrariamente en un artículo publicado en la revista Adelante, órgano del PCP (Partido Comunista Paraguayo), de ser un espía yanqui.

José Zanardini

Entre la selva y el Vaticano

Asunción, Criterio Ediciones, 2020

200 pp.

kurubeta@gmail.com

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