Lourdes Espínola y su poemario Desnuda en la palabra

Lourdes Espínola nace en Asunción, está formada académicamente en Europa y Estados Unidos en las áreas de Ciencias, Relaciones Internacionales y Literatura. Tiene en su haber seis títulos universitarios, dos licenciaturas de North Texas University (USA), dos Master de Southwest Texas State University (USA), dos doctorados, de la Universidad Nacional de Asunción (Paraguay) y de la Universidad Complutense de Madrid (España). Su obra ha sido traducida al francés, italiano, portugués, inglés, alemán y difundida en diversos países. Recibió el Primer Premio de poesía Sigma Delta Phi (USA), el Primer Premio Santiago Villas (USA), el Primer premio La Porte des poetas (Francia), el Premio Nacional de Poesía Herib Campos Cervera, Mención de Honor Premio Nacional de Literatura. Tiene publicados once libros de poesía. Este estudio se basa en el undécimo libro, Desnuda en la palabra, de la colección Torremozas, Madrid (España), 2011.

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El poemario Desnuda en la Palabra, del cual nos ocupamos, contiene treinta y nueve poemas, tres temas fundamentales. La poesía, la palabra, la poesía y su esencia; su encuentro con ella misma; el logro de su identificación con la poesía: la poesía es ella misma, el logro de su identidad en la poesía, y su permanencia en la palabra dedicándole a este tema nueve poemas. Luego el tema del amor, amor esperado, amor compartido, amor vivido en plenitud, amor carnal, amor del espíritu, amor y olvido, amor y desengaño y el tercer tema, el de la búsqueda del yo, la mujer creación, sus migraciones y traslados, es la mujer y el cuerpo, el encuentro consigo misma. Aparece con frecuencia el símbolo del tigre, el poema es el jaguar (15), un tigre sediento (19 y 21), el símbolo del pan: el pan es poesía (16), es el secreto del poeta que se come las migas de la palabra; el símbolo de las frutas cuyos jugos y pulpas chupa el poeta (17) y conforman su cuerpo. Ella hace del poema una descarga de energía, su campo de acción. 

“La poesía está hecha de pan 

dura por fuera 

pero 

para quien escarba el secreto es tibia y blanca. 

El poeta se pone en la boca las palabras 

y son redondas migas húmedas 

Se van deshaciendo 

las vocales 

y cosquillean como cáscaras las comas 

El poeta hace el pan en la palabra 

y lentamente 

como los dioses 

se come a sí mismo.” 

Lourdes Espínola es poeta que lucha por alcanzar ese límite en que su ser acaba disuelto en su propia creación, transvasando esa frontera, ella se instala en un universo tan absoluto como haya sido capaz de vislumbrarlo, ella así siente la poesía. Entendemos que poesía, en ella, es el encuentro del ser, que para Lourdes es la expresión suprema de su mismidad, síntesis de su pensamiento, afirmada con voz propia, dimensión existencial iluminada desde su interior, la que deslumbra su creación poética. He aquí algunas facetas de su creación. 

“Cuando todas las palabras, 

esas frutas hermosas, 

las deseadas 

fueron usadas como cualquier cosa, 

decidí tragarlas. 

pelar cada adjetivo con los dientes, 

chupar cada vocal desde la pulpa 

y que caigan los jugos 

de comas y puntos suspensivos. 

esas frutas amadas 

las palabras transgredidas por otros 

las rescaté, las devoré 

hoy están a salvo, son mi cuerpo” (17) 

Identificación total, absoluta de su ser con las palabras, siente latir en ese hallazgo una dimensión real desconocida, la ausencia poemática, “hoy están a salvo, son mi cuerpo”. “Las devoré” es una declaración de quien con ello consigue la forma puesta al servicio del contenido, esa realidad lingüística a la que dota de una nueva identidad expresiva. La poesía es ella, ella misma. 

“Sé que nunca regresé 

a ningún sitio, 

no ejercí la posibilidad del volver, 

estoy en plenitud 

me levanto absoluta 

y lavo mi memoria 

y nombre. 

A veces dejo un libro 

una nota de pie, un eco. 

soy la poesía la serpiente 

que pierde cada vez su piel” (25) 

El alma de la poetisa dicta la forma del poema y sus versos reproducen los estados emocionales que la atraviesan por eso dice “estoy en plenitud / me levanto absoluta / y lavo mi memoria / y nombre”, un ritmo nuevo con el cual pauta los desbordantes impulsos afectivos de su conciencia. Lourdes Espínola experimenta la emoción como olas, con distinta inspiración y amplitud y la impulsión rítmica pauta la longitud del verso “A veces dejo un libro / una nota de pie / un eco”. Pone en juego la segmentación de sus estados emotivos, sustituyendo las plantillas métricas por otras estructuras formales basadas en una nueva valoración del ritmo. Ella emplea el verso libre, amolda el poema a la emoción padecida en cada instante según la combinación de las series visuales: Soy la poesía / la serpiente / que pierde cada vez su piel. Cada verso porta un contenido simbólico, impresiona como cada uno de ellos contiene el latido interior, la esencia de su pensamiento poético y sus emociones se renuevan cada vez, renovando su piel en cada materia poética de su creación. La poetisa cristaliza su discurso poético sin ajustes a moldes estróficos ni regularidad silábica consiguiendo crear su singularidad transportando los aspectos significativos a una especial dimensión expresiva. 

Poesía con mensaje, citamos a Juan Ramón Jiménez en que cada poema de Lourdes: “casi no es forma, es más que forma, conciencia bella del hombre”, la conciencia de ella se desnuda, en cada verso, deja un girón de su piel, de su alma, de su sensibilidad poética, como una verificación de su actitud personal ante el mundo que la rodea. 

“Vuelvo a la búsqueda de mi cáscara, 

Pero son pieles vacías, 

que como piezas de caza te llevaste” (26) 

Los poemas de Lourdes, dentro de una forma libre, brotan del alma como una chispa eléctrica, son para leerlos en voz alta, para oírlos, hieren el sentimiento, se deslizan con ritmo y cadencia, pero nos dejan una poesía desnuda de artificios sonoros o rebuscados, desembarazada dentro de una forma libre, aunque despiertan en el lector imágenes de ideas que duermen en el océano sin fondo de su mundo poético. Es un mundo mágico revelado en poemas sin título. 

“Como la serpiente me cambio de piel 

busco las claves que dejaron los otros 

me desvisto, 

mi cuerpo era mi casa, 

ya no lo es, 

es solo mi vestido 

Tallo mi cara, corazón 

busco en la blanda pulpa el pulso 

con el pico de una lapicera 

desgajo redonda 

y rotunda la palabra” (50) 

Poesía magnífica y sonora, fruto del arte, en que la aliteración cumple una función fónica y material dentro del verso, creando imágenes acústicas fuertes, rotundas “busco en la blanca pulpa el pulso / con el pico de una lapicera”, el sonido fuerte de la “p” da golpes de martillo en los tímpanos y luego la “r”, redonda y rotunda, también sonido fuerte, para entregarnos su palabra vibrante. Para Lourdes, como todo poeta, en la palabra está el fuego vital, la razón última de la vida interior, el tónico potente, la sola y única aspiración digna de este nombre, el símbolo en que palpita mágicamente el corazón. 

La poesía permanece, Lourdes se reinventa en cada una, la poesía puede nacer, la fantasía es conocimiento en ella, el espíritu es inagotable, y como revelación vital antes que poética puede despertarse. La poeta las contempla cuando alcanza a verlas y con la agilidad del oficio poético y la disciplina formal cruje bajo el sentimiento incontenible cuando nace su poesía en la unidad del milagro, como vemos en el poema dedicado a Jorge Luis Borges: 

“I 

El orbe del espejo, 

el cofre de memorias donde 

beben humanos 

sus sueños verdaderos 

II 

Dios es el espejo que nos mira 

o miramos a Dios desde el espejo 

III 

El poema también es el espejo 

perfecto, desdoblado, 

el verdadero rostro plateado 

o el destino final 

de esta poeta.” 

Recuerda al Creador que también toma el carácter de relación inaudita. Él es el espejo y desde él nos mira, como para el creyente es una fiesta ritual, el poema para la poetisa también es el espejo perfecto; es el acontecimiento único donde un poeta se contempla a sí mismo; está ante lo absoluto en que solo temples extraordinarios de creadores los alcanzan. Se puede apreciar la importancia de la cultura de una poeta como Lourdes Espínola, ese imperativo que antes que ser poeta, es mujer, es decir, conciencia de que tiene el deber de darse, sometiéndose a la escuela social de la experiencia, el mayor conocimiento y dejándose hundir en el abismo de su inquietud, halla el camino verdadero, donde afloran las imágenes de la sensibilidad y se sustancian los símbolos como en el siguiente poema en que aparecen las impresiones fuertes y abstractas del destino. El futuro, el espejo de la conciencia, la expresión “para siempre”, el pasado y el minuto de la muerte, poesía conceptual a la par que intimista y premonitoria. 

“Encontrar mi destino, 

mirarlo cara a cara, 

enfrentarlo al espejo de mi cuerpo 

conciliarlo o no con mi pasado 

dejarlo que se instale, 

que penetre, 

desgaje mi futuro, 

porque está allí 

lo mire o no 

agazapado, 

aunque lo ignore, 

lo reduce 

lo eluda, 

me tomara completa y para siempre 

de un sorbo, 

ahora 

o al minuto 

antes de mi muerte.” 

Coincido con Jakobson (1821) al leer los poemas de Lourdes Espínola en que el valor esencial de la poesía consiste en generar una serie de fuerzas interiores, “de redes lingüísticas que permiten percibir la palabra como poética, alejada de funciones informativas y emotivas. Los poemas de Lourdes no han de ser reconocidos racionalmente, sino percibidos como objeto de su manifestación total, como signo que es capaz de atraer al receptor y concluyo con las palabras de su presentador, el escritor mexicano y Premio Cervantes, José Emilio Pacheco: “Sus versos son de una intimidad desgarradora que tienen el valor de iluminar nuestras tinieblas al hacer público lo más secreto y lo más reprimido”. 

Aseguro que quienes lean sus versos, podrán no coincidir con ella, pero no podrán olvidarla, y los paraguayos contamos con una representante de la poesía postmoderna que engalana la galería de poetisas paraguayas, entre las que se encuentra su madre, Elsa Wiezell. La poesía de Lourdes Espínola se afirma como presencia importante en las letras paraguayas y las del continente.

maribel.barreto.r@gmail.com

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