Distorsiones en el mercado internacional y su impacto en el sector productivo

Las preocupaciones por el estado de la economía global suelen unir a los líderes de las economías más grandes con el fin de garantizar una mayor seguridad en tiempos normales, sin embargo, no vivimos esas épocas.

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El conflicto cada vez más intenso entre las mayores economías del mundo, Estados Unidos y China, se ha convertido en una gran amenaza para la economía global. Tan solo hace una semana, el presidente Donald Trump anunció un aumento considerable de aranceles de hasta el 25% para productos chinos por un valor de US$ 250.000 millones. En retaliación, el gobierno de China declaró que a partir del mes de junio implementaría aranceles de hasta 25% a productos americanos por un valor de US$ 110.000 millones. 

Según Oxford Economics, si ambos países siguen con amenazas arancelarias, la producción económica anual de China se reducirá en un 0,8%, mientras EE.UU. experimentará una caída del 0,3% en su crecimiento anual. Actualmente, las industrias más expuestas al conflicto son la agricultura estadounidense y los fabricantes de productos electrónicos chinos. Para sobrellevar el contexto, Trump anunció unos US$ 12.000 millones en subsidios para apoyar a los agricultores. 

El asesor principal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Andrew Powell, consideró que el proteccionismo impulsado por el presidente Trump puede abrir opciones comerciales para varios países de Latinoamérica que logren aumentar sus exportaciones a China. Si bien esto puede suponer una ventaja importante para países vecinos productores de soja, como Argentina, Brasil y Uruguay, que podrán aumentar sus exportaciones a China, Paraguay, sin embargo, no podría aprovechar esta oportunidad para acceder a ese mercado por restricciones diplomáticas. 

De hecho, la soja representa más del 20% del valor total exportado por Latinoamérica a China, con Brasil como el principal jugador. Mismo así, el enfrentamiento entre ambas potencias podría tener también un impacto negativo en la región latinoamericana si el crecimiento de la economía China, con estrecha relación con varios países de la zona, se ve afectado por la prolongación del conflicto. 

Cabe resaltar que, hasta el momento, las medidas que se han tomado entre ambos países son pequeñas comparadas con su PIB, por lo cual aún no representan impactos muy significativos. Sin embargo, la preocupación aumentará si esta situación se intensifica. Las consecuencias de una prolongada guerra comercial serían mucho peor que las previsiones de Oxford Economics, ya que estas no tienen en cuenta los efectos secundarios de las sanciones comerciales. 

Un estudio publicado por XP Securities estima que una prolongada guerra comercial podría llevar a una recesión en Estados Unidos en 2020 y arrastraría a México a una tasa de crecimiento negativa de 2% el próximo año. Si EE.UU. y China continúan aumentando sus sanciones comerciales, China podría ponerle más restricciones a las corporaciones estadounidenses que operan en ese país. Eso produciría una caída significativa de la bolsa de Estados Unidos y de las bolsas mundiales. 

Como consecuencia, los países latinoamericanos se verían también perjudicados, ya que, ante la incertidumbre, la gente busca seguridad refugiándose en la divisa americana. Esta situación debilitaría aún más a las monedas latinoamericanas, obligando a los países a subir sus tasas de interés y restringiendo su crecimiento económico.

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