Camilo conquista Paraguay con su revolución del amor

Con un mensaje de amor muy transparente, con letras sentidas sobre el valor de la amistad y la familia, como también sobre entender la tristeza y las pérdidas, en una propuesta sonora muy ecléctica en el marco de lo latino, el cantante colombiano Camilo selló una hermosa relación con Paraguay. El artista actuó anoche ante un SND Arena repleto de un público que latió al unísono con su esencia.

Camilo atravesó diferentes estilos en un maravilloso concierto de casi dos horas.
Camilo atravesó diferentes estilos en un maravilloso concierto de casi dos horas.Fernando Romero, ABC Color

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Tras la apertura del cantante local Iván Zavala, quien con mucha solvencia hizo temas propios como “Universo”, “Cortar por lo sano”, “María”, “Te regalo”, entre otros, cerca de las 21:15 las luces se apagaron dando paso a dos canciones grabadas. Por los parlantes sonaron así “Llorar y llorar”, de Mau y Ricky, y “Refugio”, de Evaluna, como un tributo de Camilo a su familia.

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Solo unos minutos más tarde la oscuridad volvió a apoderarse del SND Arena y enseguida estalló el huracán Camilo. Un bombo en el medio del escenario lo recibió y él empezó con su explosiva presentación al son de “Kesi”. Enfundado en ropas blancas de punta a punta y descalzo, lució su carisma desde el comienzo, desarmándose con movimientos de capoeira por todo el escenario, en medio de coloridas imágenes y una banda impactante.

Cómo el artista colombiano se desvivió en escena fue algo que duró todo el show que siguió con “Ropa cara”, la que posiblemente refleja una de sus filosofías, de mostrarse tal cual es y sin vestir prendas ostentosas.

“¡Hola Asunción!” saludaba mientras le calzaban un cuatro venezolano, que fue uno de los tantos instrumentos que ejecutó durante la noche. Con este sonido hizo el reggaeton “Favorito” que fue seguido por la ranchera “Pesadilla”, con la que iba de una punta a otra del escenario bailando y saltando.

Tras tomar un poco de agua saludó a su “Tribu” de Paraguay, que es como él llama no a sus fans sino a lo que él forma con las personas, sean sus seguidores, su banda y su familia. “Gracias a Dios por esta noche. Es mi primera vez aquí. Veníamos contando los días para encontrarnos con la Tribu paraguaya”, dijo en un momento en que todos sus músicos pasaron al frente y él los presentó uno por uno.

“Vine con mis hermanos, porque ellos son mi familia”, dijo para introducir a Frank Fuentes (batería y percusión), Óscar Convers (bajo), Nico González (guitarras y teclados) y Dani Uribe (guitarras). Todos en una misma línea, como remarcando que nadie es más que nadie, hicieron el bolero “La mitad”, desplegando una propuesta sonora impecable.

El viaje del amor

“¡Camiiilo, Camiiilo!” empezó a entonar la gente mientras las grandes pantallas amplificaban sus ojos emocionados. Justamente aprovechó ese clima para sentarse al borde del escenario mientras le traían un teclado que tocaría ahí sentado y con una sola luz alumbrándolo.

Explicó que a veces el corazón se rompe y la mente puede hacerle creer a uno que no va a sanar, pero recordó que el dolor tarde o temprano pasa. “Manos de tijera” fue la oscura balada de desamor que explicó este momento donde el artista afirmó que no todos somos perfectos.

“Pero de las grietas nacen flores” dijo después, mientras el público parecía adivinar un momento especial. Fue así que Camilo pidió aplausos para su esposa y madre de su hija. Así llegó Evaluna al escenario para desatar más delirio al son de “Por primera vez”, que habla de todas las veces que se volverían a elegir. A esta siguió, siempre con ella, la muy pop “Machu Picchu”, donde entregaron pasos de baile que hicieron que el público rompa en gritos y aplausos.

Pidiendo muchos aplausos para ella, a quien no dejó de abrazar, mirar y besar, Camilo despidió de escena a Evaluna, quien se llevó también el cariño de Paraguay. Luego tomó la guitarra para hacer “No te vayas”; para “Millones” se bajó para saludar al público y grabar con una cámara suya y en “Tattoo” agarró una bandera que unía las de Colombia y nuestro país. “¡Qué bonito canta Paraguay!” exclamó antes de arremeter con “Tutu”.

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La originalidad del ser humano

Camilo se tomó un tiempo largo cada vez que se dirigía a hablar con la gente. “No hay nadie como ustedes”, empezó diciendo en una parte donde en la gran pantalla se pudo ver fotos de las personas que estaban esa noche presentes, ya que miembros de su equipo se pasearon por todo el lugar tomando fotos antes de que empiece el show.

“En esta sociedad nos quieren convertir en quien no somos. Las redes sociales nos dicen cómo deberías verte, parecerte a tal, tener así los abdominales, tener el carro como alguien más, la vida de alguien más, y se nos va la vida y el tiempo siendo alguien que no somos. Perdemos la oportunidad de celebrar la persona que sí somos aquí ahora, con nuestras diferencias y errores”, dijo.

Los aplausos no se hicieron esperar ante este mensaje de aceptación y de abrazar la vida de cada uno. Un mensaje muy potente para un público que estaba lleno de familias. Una vez dicho esto y amagando un final Camilo invitó a seguir bailando con las bachatas “Ambulancia” y “Bebé”.

Nuevamente con la guitarra al hombro, entregó “Vida de rico”, donde habla de un amor lindo y que no hay mayor riqueza que sentirse amado y respetado.

Un amor sellado con Paraguay

Tras una pausa volvió solo al escenario y agradeciendo a todos. Mostró el equipo de tereré que le regalaron e incluso tomó un par, diciendo que ya tiene yuyos y todo. Advirtió también que este sería el primer encuentro de muchos. “Gracias por confirmar que no soy la única persona que cree que el amor es la más grande de las revoluciones. Gracias por dejarme ser parte de la tribu”, dijo en un acto de reconocimiento a su público.

Justo en este momento habló de la pérdida y recordó a dos amigos que partieron al cielo, a quienes escribió la canción “5:24″, un tema que para él fue como “una cobija” en esos tiempos. De este clima de suma emotividad, donde se vieron lágrimas, él supo llevar a la gente de nuevo a la alegría con “Desconocidos”, explicando que él sabía, gracias a las redes, que esa era la primera canción que viajó hasta Paraguay.

Volvió toda la banda a escena y él se sentó al piso, mientras vio que una pareja se estaba comprometiendo entre el público y agradeció el honor que le hacían. Luego presentó a “un amigo que vino de lejos” para hacer “Moderación” en compañía del cantante canadiense JP Saxe, en una hermosa conjunción de idiomas.

Para la lenta “El mismo aire” tomó una guitarra eléctrica e intercambió potentes solos con su guitarrista, como en un lento trance de texturas. “Pegao” siguió en este repertorio armado especialmente para ser un viaje por toda la paleta sonora que propone Camilo, una fiesta colorida que culminó con todos en escena, incluidos Evaluna y JP Saxe, mientras sonaba “Índigo”, nombre de su hija nacida el año pasado.

Una tribu muy espiritual

Este concierto es la mejor carta de presentación de Camilo, quien se muestra sencillo y carismático. Al vestir de blanco junto con toda su banda, parecieran representar esa tribu de la que hablan, de ser todos valiosos por igual.

Las letras de sus canciones se enfocan mucho en el amor, pero habla del amor desde un lugar lindo, de ese amor sano que uno merece, un amor real y que construye, no solo de pareja sino de amigos y familia.

En ese sentido, el público, sorprendentemente estaba conformado en su mayoría por jóvenes, pero también por muchísimos niños en compañía de sus familias. Entonces que estas letras, que reflejan el nivel de humanidad de Camilo, su amor con Evaluna y su relación con su banda, llegan en forma de letras honestas, diversos estilos musicales y explica cómo puede atravesar a tantas generaciones. Es realmente bello que un mensaje así pueda llegar y ser compartido entre padres e hijos, tíos, sobrinos, hermanos, etc. y que todos puedan aprender juntos.

Un artista que hoy en día se anima a mostrarse vulnerable puede decir mucho a una generación que está creciendo y que debe recordar que la sensibilidad es válida y el amor es mucho más hermoso si se comparte en comunidad, como esta tribu que pregona la revolución del amor.

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