“El último duelo”

El excelente nuevo drama medieval del legendario director Ridley Scott es un amargo derrumbamiento del mito de la nobleza de los caballeros y una dura crítica a formas de machismo que han sobrevivido durante siglos.

El último duelo película Adam Driver Matt Damon
Adam Driver y Matt Damon en "El último duelo", en cines de Paraguay desde el pasado jueves.Patrick Redmond

(Esta reseña incluye “spoilers” para “El último duelo”, se recomienda ver la película antes de seguir leyendo)

Ya en su octava década de vida y no muy lejos de alcanzar las cinco décadas dirigiendo cine – incluyendo algunas de las películas más influyentes de todos los tiempos como Alien, Blade Runner o Gladiador –, el cineasta británico Ridley Scott regresa con otra fantástica adición a su ilustre filmografía, una mordaz exploración de la toxicidad del machismo individual e institucional a través del prisma de la historia real del último duelo a muerte que se realizó como resolución a una disputa judicial en la historia de Francia.

El enfrentamiento al que se refiere el título El último duelo es el del caballero Jean de Carrouges (interpretado en la película por Matt Damon) y el escudero Jacques Le Gris (Adam Driver), el primero de los cuales retó al segundo a una pelea hasta la muerte luego de que Marguerite de Carouges (Jodie Comer), esposa del caballero, acusó a Le Gris de haber abusado sexualmente de ella.

La crítica suele decir que Ridley Scott, por mucho que sea un maestro de los aspectos técnicos del arte del cine, depende en extremo de la calidad de los guiones de sus películas; cuando le toca trabajar con un guion sólido lo hace brillar, pero cuando le toca uno débil no suele ser capaz de elevarlo en calidad, resultando en algunos de sus filmes más pobres como, para citar ejemplos recientes, Robin Hood (2012) o Éxodo (2014).

En El último duelo, sin embargo, le toca trabajar con uno de los mejores guiones que le han tocado en los últimos años.

El último duelo fue escrito por tres personas: Matt Damon, Ben Affleck y la galardonada Nicole Holofcener –, y apropiadamente la película se divide en tres partes, o más bien tres versiones de los mismos eventos de la película: la verdad según Jean de Carrouges, la verdad según Le Gris y, finalmente, la verdad real, la versión de Marguerite.

Con esa estructura Scott puede tomar el mito romántico del noble caballero medieval y hacerlo añicos al colisionarlo con la realidad.

La primera parte de la película, los eventos vistos desde la perspectiva de Jean de Carrouges, se presentan como lo que sería una película clásica del cine caballeresco, en la que el personaje de Matt Damon se muestra a sí mismo como un guerrero leal y valiente, un servidor desinteresado de su señor feudal y su rey, y un esposo cálido y amoroso que valientemente pone la vida en riesgo para hacer justicia por lo que le hicieron a su esposa.

Con la parte de la película que corresponde a “la verdad según Le Gris” el filme comienza a descomponer esa visión pintando a De Carrouges como un guerrero imprudente y necio, y alguien totalmente incapaz de jugar los juegos políticos de la alta sociedad francesa a la que uno pertenece por nombre y linaje, pero no necesariamente por mérito.

Y mientras Le Gris ve la paja en el ojo de De Carrouges, se romantiza a sí mismo de forma similar, pintándose como un Don Juan apuesto, encantador y educado que inmediatamente se convence a sí mismo de que Marguerite, a quien se siente atraído desde el primer momento en que la ve, siente esa misma atracción por él porque, después de todo, ¿cómo podría no ser ese el caso? La idea de que su enamoramiento no es correspondido simplemente no le cruza por la mente.

Y finalmente, en la parte final en la que Marguerite toma por fin el control de la narrativa, el filme abre fuego contra todo tipo de romanticismo e idealización, contra la idea de que ambos hombres alguna vez vieron a Marguerite como algo más que un objeto de su propiedad, y contra la noción de que el duelo titular es una noble gesta justiciera en vez de lo que realmente es: una disputa de propiedad y una medición metafórica de miembros viriles en la que, dependiendo del resultado, las reglas religiosas que gobiernan los acontecimientos dictan que Marguerite podría acabar siendo ejecutada de la forma más horrible.

La forma en que la película repite los mismos eventos tres veces es una forma inteligente de pintar el mundo según la perspectiva de cada personaje: un gesto que parece insignificante desde un punto de vista tiene profundas connotaciones en otro, los tonos de voz en conversaciones cambian, y la fatídica escena central entre Le Gris y Marguerite es radicalmente diferente en las secciones del filme que corresponden a cada personaje.

Vale la pena advertir, pues, que la película incluye un par de secuencias bastante intensas de violencia sexual.

La presencia de esas escenas y su repetición tiene propósito, ya que sirven para ilustrar la forma en que la mente de Le Gris tuerce los eventos para plasmarlos como un encuentro sexual intenso pero consentido, algo que - en el aspecto más sutilmente aterrador del filme - Le Gris parece creer con total sinceridad, pero que el filme no deja dudas es totalmente falso cuando obliga al espectador a revivir ese momento desde la perspectiva de Marguerite.

Pero eso no cambia el hecho de que son secuencias genuinamente difíciles de ver y que podrían resultar traumáticas.

En lo que se refiere a las actuaciones, la calidad de la película es de primera: Matt Damon y Adam Driver hacen un buen trabajo como los caballeros en disputa, aunque la que verdaderamente se carga la película sobre los hombros es Jodie Comer como Marguerite, quien pasa de ser poco más que una pieza de escenografía en la primera parte de la película a una figura heroica de supervivencia y rebeldía cuando finalmente la película nos deja verla desde su propia perspectiva.

Y una breve mención aparte para Ben Affleck como el conde Pierre d’Alencon, cuya ligeramente caricaturesca interpretación de un “lord” libertino y moralmente podrido se roba la película en cada escena en la que aparece.

Si la Academia va a tirar nominaciones a El último duelo por sus actuaciones, deberían ser para Comer y Affleck.

Y en lo técnico y lo visual... bueno, es una película de Ridley Scott, por supuesto que es una maravilla. Scott podría dirigir secuencias de batalla brutales y espectaculares en sus sueños a estas alturas, y El último duelo presenta secuencias de batalla llenas de caos filmadas en tomas cerradas e intencionalmente mareantes para transmitir lo sucio y despiadado que podía ser el combate en un campo de guerra medieval.

Y el duelo que da título a la película es una de las secuencias de acción más intensas del año, transmitiendo de forma aplastantemente efectiva, con hábil edición y en particular un increíble manejo del sonido, la violencia de cada golpe, el retumbante choque de acero con acero, los jadeos desesperados de dos hombres intentando desesperadamente matarse entre sí en un campo de barro.

El último duelo llega sin demasiado ruido a las salas de cine y discretamente se planta como una de las mejores películas del año, un drama tan atrapante como es indignante, sobre un mal social que lastimosamente está tan vigente en nuestro siglo XXI como en el siglo XIV en que trascurre la película.

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EL ÚLTIMO DUELO (The Last Duel)

Dirigida por Ridley Scott

Escrita por Ben Affleck, Matt Damon y Nicole Holofcener (basada en un libro de Eric Jager)

Producida por Ridley Scott, Ben Affleck, Matt Damon, Nicole Holofcener, James Flynn, Jennifer Fox y Kevin J. Walsh

Edición por Claire Simpson

Dirección de fotografía por Dariusz Wolski

Banda sonora compuesta por Harry Gregson-Williams

Elenco: Jodie Comer, Matt Damon, Adam Driver, Ben Affleck, Harriet Walker, Nathaniel Parker, Marton Csokas, Adam Nagaitis, Alex Lawther, Sam Hazeldine, Michael McElhatton

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