Como en los primeros días de este mes el nivel del río Iguazú descendió varios metros, se pudo verificar el estado del fondo sobre el que caen las cataratas. En esta ocasión, el caudal del río Iguazú llegó a registrar niveles de 500.000 litros por segundo, frente a su promedio habitual de 1,5 millones.
Cada vez que esto ocurre, un equipo del Parque Nacional Iguazú realiza una limpieza del cauce, retirando todo tipo de desechos como botellas, tapitas, plásticos y, especialmente, las monedas.
En total fueron retirados 90 kilos de monedas en el sector argentino, cerca del balcón de la Garganta del Diablo, y 300 kilos en la zona de las pasarelas brasileñas.
Los responsables del parque explicaron a medios de países vecinos que esas monedas serán analizadas y separadas. Primero, los expertos en numismática deberán revisar cuáles tienen un valor simbólico más allá de su precio original y, posteriormente, las autoridades procederán a tomar una decisión al respecto.
El resto de las monedas, aquellas que no tengan ningún valor simbólico o sean descartadas por los expertos en numismática, serán limpiadas y contabilizadas. Luego, ese dinero será destinado a dos merenderos de Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones.
Falta de conciencia y costumbre
La gran cantidad de monedas es arrojada al río Iguazú por visitantes de todo el mundo que, desde hace décadas y todos los días, recorren el parque de las cataratas. Los turistas arrojan las monedas para pedir un deseo o para la buena suerte, pero esto genera impactos químicos y biológicos.
Las monedas se oxidan y liberan sustancias que alteran la calidad del agua. Además, especies acuáticas pueden ingerir estos objetos, confundiéndolos con alimento.
Turista cayó a las Cataratas del Yguazú al intentar tomarse una selfie
Tras el operativo de limpieza, las autoridades insisten en fortalecer la educación ambiental y buscan prevenir prácticas que comprometan la integridad del sitio. Las normativas de Brasil y Argentina prohíben acciones que alteren el ambiente, como arrojar residuos o dañar la fauna, por lo que lanzar monedas al cauce constituye una infracción ambiental.