Valores familiares. “Las virtudes no se enseñan, se contagian”

El individualismo, la ausencia paterna, la crisis socioeconómica, el relativismo moral y la falta de comunicación entre otras varias causas, hacen que vivamos tiempos muy difíciles para mantener y fortalecer los valores familiares. ¿Es posible como padres aggiornar el respeto, la jerarquía, la autoridad del amor?

Familia feliz
Una familia feliz es la mejor base para sembrar valores y virtudes. Los hijos criados con respeto, con reglas volverán a transmitir la misma educación a su descendencia para bien de toda la sociedad.

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La Lic. Sandra Giménez es Orientadora Familiar por la Universidad Austral (Argentina), trabaja con padres y parejas; acompaña a personas en su desarrollo personal y profesional. Da charlas y talleres sobre matrimonio y familia.

-¿Qué entienden hoy los padres por valores familiares?

Creo que hay una confusión entre valores y virtudes. Hoy más que una crisis de valores, estamos viviendo una crisis de virtudes. Al haber esta confusión, como padres no estamos educando en virtudes.

Valores, por ejemplo, son la honestidad, la responsabilidad mientras que la virtud es el valor libremente elegido y vivido. La diferencia entre ambos conceptos es grande. Un persona honesta y responsable, al vivir estos valores, los convierte en virtud.

-Entonces corrijamos, no hay crisis de valores sino de virtudes. En muchas familias se han debilitado ambos

No todos, puesto que encuentro positivo en estos tiempos la valoración de la creatividad, de la empatía, el cuidado de la salud, física, mental y emocional, el cuidado del medioambiente, la cooperación y el trabajo en equipo, la sostenibilidad, la solidaridad.

La otra cara de la moneda considero que es una gran crisis de responsabilidad, de compromiso, de cuidado del otro, la generosidad, la confianza y credibilidad, la honestidad. O sea, hay valores/virtudes que están en alza y otros en baja.

-¿Por qué cree que esto sucede?

Yo lo atribuyo a los “ismos” de la cultura posmoderna: materialismo, consumismo, hedonismo e individualismo. El cuidar el buen nombre propio y ajeno, cumplir con la palabra dada, el respeto a los compromisos asumidos, a las promesas hechas solo se sostiene hasta que la sensibilidad y afectividad lo decidan.

Y existe otro “ismo” causante de esta realidad actual: el sentimentalismo, que proclama que todo lo que se siente es válido y hay que buscar lo que a uno le haga sentir bien. Ante esto mi propuesta es buscar el “bien-ser”, porque si se obra así, el “bien-estar” vendrá por añadidura. Alterar este orden trae sufrimiento propio y ajeno a largo plazo.

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-La familia paraguaya no ha sido inmune a la disgregación ni a la quiebra de valores. ¿Cómo la siente hoy?

En la sociedad paraguaya puedo ver hoy en día mayor diversidad; en algunos casos vemos a un papá más compañero, esto es bueno siempre y cuando conserve su rol de padre y sea ejemplo de virtudes para sus hijos, pues las virtudes no se enseñan, se contagian.

Pero, por otro lado, siguen estando ausentes en algunos casos ciertos padres cuyo rol solo se limita a proveer, es decir solo lo económico, descuidando sus funciones normativas y de sostén emocional para la madre. Se podría decir que estamos frente a una crisis de autoridad y esto ese refleja no solo en el hogar sino en toda la sociedad.

Al salir la mujer al mundo laboral fuera del hogar y al no darse una compensación por parte del varón en lo doméstico, la mujer está con una sobrecarga de trabajo en muchos casos y opta por el permisivismo o una sobreprotección que daña mucho a los hijos. También se compensa la ausencia paterna/ materna con lo material, dando cosas en lugar de presencia. Existen excepciones, por supuesto.

-Hay una fuerte corriente que indica aplicar psicología positiva, comúnmente llamada “buena onda” “no violenta”, pero en este camino muchos padres pierden su jerarquía.

No estoy de acuerdo con que los padres abdiquen de su rol. Cada ser humano solo tienen 2 padres y muchas posibilidades de amistades. Por experiencia de vida y madurez, los padres deben cuidar la jerarquía sin que esto signifique autoritarismo.

El autoritarismo es una deformación de la autoridad. La palabra autoridad deriva del latín y significa “aumentar, hacer crecer, magnificar”, y para lograr eso los padres deben proporcionar a los hijos amor, guía y herramientas. El autoritarismo proporciona guía y herramientas, pero no amor.

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En el estilo sobreprotector los hijos no logran desarrollar habilidades ni virtudes, por lo tanto, no da herramientas.

El permisivismo da amor, pero no da guía ni herramientas. Es el peor estilo.

Lo ideal es un estilo de autoridad equilibrado que proporcione un marco normativo explicando el porqué de las normas, animando al desarrollo de habilidades, virtudes y dando herramientas en un entorno de amor.

El “porque lo digo yo” ya no funciona, hay que explicar el porqué de las normas y ser ejemplo de coherencia. Los hijos harán lo que los padres hacen, no lo que los padres dicen.

Semana Santa para la reflexión en familia

-Cerca de Semana Santa podemos reflexionar también sobre la educación de los valores religiosos y morales a la par de los éticos, ¿qué consejo para los padres cristianos contra el bullying, la descalificación y la discriminación que pueden sufrir sus hijos?

Animo a los padres, ante la cercanía de la Semana Santa, a poner sobre la mesa los aspectos religiosos y espirituales; hay que volver a poner de moda las virtudes, hablando de ellas, mostrándolas con la vida, jerarquizando algunas tradiciones y desarrollando un espíritu de equipo “en esta casa, en esta familia”, pero no como imposición sino como propuesta de valor que fomente la unidad.

Para ello invito a compartir la mesa familiar como espacio de reflexión y diálogo, como espacio de reencuentro, sin pantallas de por medio, y en esto los padres y los mayores deben dar el ejemplo. También compartir juegos de mesa, paseos, actividades juntos, la cocina es un espacio privilegiado para compartir y enriquecernos. En una familia que vive así, el compartir el culto o ciertos ritos se dará de manera natural y espontánea, y estaremos legando a la sociedad ciudadanos virtuosos.

Hay numerosos estudios que correlacionan una vida espiritual sólida con una vida buena (no “buena vida” en el sentido mundano). Si no conocemos nosotros nuestra fe y solo atendemos a rituales externos es probable que se vaya debilitando y perdamos ocasiones de mostrar bondad y belleza.

Si supiéramos ver en nosotros y en el otro una vida amada y creada, tendríamos menos problemas de autoestima y tolerancia. El bullying actual en muchos lugares es una manifestación clara de falta de autoestima y de recursos, por eso se recurre a la violencia y al hostigamiento, entre otras causales.

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Las parejas deben buscar un tiempo de encuentro

-Desgraciadamente tenemos cada vez más casos de violencia intrafamiliar, llegando las parejas al asesinato, al suicidio. ¿Cómo reforzar el abrazo de la familia, el compromiso de la pareja en el tiempo, la ley del amor y no de la venganza o la frustración?

La base de una familia sana es un matrimonio unido y feliz, y para esto se necesita tiempo, el verdadero lujo de la actualidad. Tiempo diario, semanal, mensual.

Como terapeuta de parejas y orientadora familiar puedo decir que las parejas que se dan tiempo tienen muchísima chance de ser más felices en su relación, porque se cultiva la amistad, la complicidad y el conocimiento de los puntos fuertes y débiles del otro; entonces se puede “hacer equipo” para llevar a cabo un gran proyecto común: la familia.

Las dificultades diarias son inevitables, si se habla a tiempo se pueden solucionar. Yo trabajo mucho con parejas y don fe de que es así.

-Cerremos con una frase alentadora para las familias

“Quien tiene un porqué, encuentra un cómo” Viktor Frankl

Animo a las parejas a conversar todos los días 20 minutos por lo menos, darse un beso de 60 segundos, un café o actividad compartida semanal y no tardarán en ver cambios positivos en su relación. Y de esta relación sólida se van a beneficiar los hijos, la escuela, la sociedad en general al pisar suelo firme en vez de arenas movedizas. ¡Se puede!

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