En redes sociales y en planes “exprés” de bienestar, los jugos detox se presentan como un atajo para “desintoxicar” el cuerpo, reducir inflamación y recuperar energía en pocos días.
La idea es atractiva: mezclar frutas y verduras, beberlas en ayunas y dejar que el hígado y el colon “se limpien”. Pero, en términos médicos, el concepto de que el organismo acumula toxinas inespecíficas que se eliminan con jugos carece de sustento.
El cuerpo humano ya cuenta con sistemas de depuración altamente eficientes. El hígado transforma y procesa sustancias potencialmente dañinas (desde alcohol hasta medicamentos), los riñones filtran y eliminan desechos por la orina, los pulmones expulsan dióxido de carbono y el intestino —con su microbiota— participa en el metabolismo y la eliminación de residuos.
Cuando estos órganos funcionan bien, no necesitan “reinicios” líquidos; necesitan hábitos consistentes.
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Por qué los jugos no “limpian” el hígado
La promesa detox suele apoyarse en una sensación subjetiva de ligereza. Sin embargo, esa mejoría puede explicarse por factores simples: menos ultraprocesados, menos alcohol, más hidratación y mayor ingesta de micronutrientes durante unos días.
El problema aparece cuando el jugo se convierte en la estrategia central.
Al licuar frutas y colar fibra, se facilita un consumo alto de azúcar con menor saciedad. Además, reemplazar comidas completas por jugos puede llevar a déficits de proteína y grasas saludables, nutrientes necesarios para mantener masa muscular, estabilidad metabólica y una buena salud hormonal.
Para personas con diabetes o resistencia a la insulina, estos picos de glucosa pueden ser especialmente contraproducentes.
Si la preocupación es el hígado, la evidencia apunta a medidas menos glamorosas pero más efectivas: moderar alcohol, mantener un peso saludable, dormir bien y revisar con un profesional el uso de suplementos o fármacos innecesarios.
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El hígado graso no alcohólico, por ejemplo, no se revierte con “tres días de verde”, sino con cambios sostenidos en alimentación, actividad física y control de factores cardiometabólicos.
El colon no se “purga”: se cuida
La idea de “limpiar” el colon con líquidos o laxantes también es popular, aunque el intestino ya realiza su trabajo mediante movimientos naturales.
Lo que sí puede alterarse es el tránsito intestinal por estrés, sedentarismo, poca fibra, baja hidratación o cambios bruscos de dieta.
Para un colon que funcione mejor, la fórmula suele ser menos espectacular y más cotidiana: fibra (frutas enteras, verduras, legumbres, avena), agua suficiente y movimiento diario.
Los alimentos fermentados (yogur, kéfir, chucrut) pueden beneficiar a algunas personas, pero no son imprescindibles ni sustituyen una dieta variada.
Si hay estreñimiento persistente, dolor, sangre en heces o pérdida de peso, no es un tema de “detox”: es un motivo para consulta médica.
Un “detox” realista: el que se sostiene
Más que jugos milagro, lo que ayuda a que el cuerpo haga su trabajo es un entorno que no lo sobrecargue: menos alcohol y tabaco, más sueño, manejo del estrés, alimentos poco procesados, fibra y actividad física.
Si alguien disfruta un jugo como parte de su día, no hay problema; el mito está en atribuirle poderes de limpieza orgánica.
En bienestar, la pregunta útil no es “¿qué me desintoxica en 72 horas?”, sino “¿qué hábitos puedo repetir sin castigar mi energía, mi bolsillo y mi salud?”. Ahí es donde hígado e intestino, silenciosamente, hacen su mejor trabajo.