Esta práctica, basada en la tradición china del equilibrio energético, parte de un principio simple: lo vivo y lo sano activa el flujo del chi (energía vital), mientras que lo marchito, lo roto o lo estancado tiende a “pesar” en el ambiente. En esa lógica, la ubicación de las plantas no es un detalle decorativo, sino una herramienta para impulsar sensaciones de orden, calma y prosperidad, según el feng shui.
La puerta de entrada: el primer filtro de energía
En Feng Shui, el recibidor es la “boca” por donde entra el chi.
Colocar una planta frondosa cerca de la entrada —sin obstaculizar el paso— se interpreta como un gesto de bienvenida y protección.
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Se aconsejan especies de hojas redondeadas o abundantes, asociadas a una energía más amable.
La regla práctica: si al abrir la puerta la planta estorba o está deteriorada, el efecto simbólico se invierte.
El rincón de la abundancia: el sureste del hogar
Uno de los puntos más citados por esta disciplina es el “rincón de la riqueza”, ubicado en el sector sureste según el mapa Bagua (aplicado sobre el plano de la casa o de una habitación).
Allí, las plantas vigorosas se usan como metáfora de crecimiento sostenido. En términos cotidianos, funciona mejor elegir una especie que puedas mantener impecable: hojas limpias, sin amarilleos, con buen drenaje.
La abundancia, en Feng Shui, se alimenta de constancia.
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Sala de estar: movimiento, convivencia y buena vibra
La sala suele ser el corazón social del hogar y un buen lugar para sumar verde. Se sugiere ubicar plantas en esquinas “muertas” —esos rincones donde se acumulan objetos o polvo— para romper la sensación de estancamiento.
Cerca de una fuente de luz natural, una planta bien cuidada también ayuda a que el espacio se perciba más “vivo”, lo que muchas personas traducen como menos tensión y más armonía.
Dormitorio: menos es más
Para el descanso, la recomendación general dentro del Feng Shui es moderación: una o dos plantas como máximo y preferentemente lejos de la cabecera.
La intención es priorizar un clima sereno, sin saturar visualmente el ambiente. Si el dormitorio es pequeño, una planta compacta y saludable suele ser más coherente que una pieza grande que invada el espacio.
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Cocina y baño: energía que se “escapa”
Cocina y baño se consideran zonas donde la energía puede volverse inestable (por calor, agua y desagües).
En el baño, una planta resistente puede “suavizar” esa dinámica, especialmente si está cerca de luz y ventilación; si no, se deteriorará rápido.
En la cocina, conviene evitar que el verde quede pegado a hornallas o fuentes de calor: la prosperidad no se simboliza con hojas resecas.
Lo que más aleja las “malas energías”: el mantenimiento
Más allá del lugar, la regla decisiva es el cuidado. En Feng Shui, una planta enferma no “protege”: comunica descuido.
Retirar hojas secas, limpiar el polvo, revisar plagas y evitar macetas con agua estancada suele ser el gesto más efectivo para que el verde sume, en lo simbólico y en lo cotidiano.