La isla caribeña atraviesa una crisis energética, agravada desde mediados del año pasado, por las frecuentes averías en sus obsoletas centrales termoeléctricas y la falta de divisas para importar el petróleo necesario para su infraestructura de producción energética.
El lunes en la tarde-noche (las horas de mayor consumo) los apagones abarcaron cerca del 64 % de Cuba, con La Habana a oscuras en su totalidad por varios momentos, lo cual superó el 59 % de afectación previsto inicialmente por la UNE.
La compañía, adscrita al Ministerio de Energía y Minas, prevé en el horario “pico” una generación de 1.465 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.300 MW.
El déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 1.835 MW y la afectación -lo que se desconectará realmente- alcanzará los 1.905 MW en el denominado “horario pico”, el de mayor demanda en la tarde-noche.
Actualmente, cinco de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos. También una de las dos plantas de gas está desconectada.
Asimismo, 102 centrales de generación distribuida (motores) no están operando por falta de combustible (diésel y fueloil) y cerca de una decena están paradas por falta de lubricante.
Expertos independientes señalan que la crisis energética en Cuba responde a una infrafinanciación crónica de este sector, completamente en manos del Estado desde el triunfo de la revolución en 1959. Varios estudios independientes estiman que serían precisos entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema.
Por su parte, el Gobierno cubano señala al impacto de las sanciones estadounidenses a esta industria y las acusa de “asfixia energética”.
Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído un 11 % en los últimos cinco años y este ejercicio cerrará también en negativo, y atizan el descontento social en un país sumido en una grave crisis.