"El régimen israelí ha convertido sus prisiones en una red de campos de tortura para los palestinos, como parte de una ofensiva coordinada contra la sociedad palestina con el objetivo de destruir su existencia", asegura en un comunicado la directora de B'Tselem, Yuli Novak.
Desde el 7 de octubre de 2023 (cuando Israel endureció aún más las condiciones de los presos en represalia por el ataque letal de las milicias gazatíes a su territorio) hasta este enero, al menos 84 palestinos han muerto bajo custodia israelí.
B'Tselem apunta que la cifra real puede ser 94, al tenerse en cuenta los fallecidos no identificados.
Entre 1967 y el 7 de octubre, los muertos bajo custodia israelí fueron 237, según el registro de la Comisión de Asuntos de Detenidos y Exdetenidos del Gobierno palestino. En estos dos años, sin embargo, han muerto casi un tercio de los fallecidos en 60 años.
De esos 84, 50 procedían de Gaza, 31 de Cisjordania ocupada y tres eran palestinos residentes en Israel. Las autoridades israelíes aún retienen 80 cadáveres, dice B'Tselem en su informe.
Uno de ellos es el de Abdel Rahman Marii, originario de la aldea cisjordana de Qawarat Bani Hassan. Tenía 34 años cuando murió tras una paliza en la cárcel de Megido (en el norte de Israel) el 13 de noviembre de 2023, explica a la prensa su madre Aziza de 64 años.
"Al comienzo de la guerra (7 de octubre) me llamó y me dijo: '¿Cómo estás, mamá? Dame tu bendición, mamá; ya no te podré ver ni te podré escuchar, eso nos han dicho'. Y desde entonces no volví a saber nada de él", asegura en la vivienda familiar rodeada de tres de los hijos de Abdel Rahman, de seis, nueve y once años.
Las autoridades israelíes le detuvieron el 23 de febrero de 2023, en un control militar cerca de Ramala (centro de Cisjordania). Mientras las autoridades sostienen que su detención se debe a que abrió fuego contra los israelíes en una ocasión, su familia defiende que disparaba porque salía a cazar.
Marii pasó sus últimos días en una celda de aislamiento, según atestigua en el informe el preso del calabozo contiguo. "Los que estaban allí y fueron testigos nos contaron que antes de su muerte estaba gritando: 'Hermano, hermano, ven a mí. Hermano, ven, me estoy muriendo, hermano'", continúa su madre.
Su cadáver presentaba señas de haber estado esposado durante días antes de morir, así como hematomas en el lado izquierdo del tórax, espalda, glúteos, brazo derecho, muslo, cabeza y cuello. Además, tenía costillas rotas y una fractura de esternón, según un documento del examen forense compartido por la familia.
Aún no se ha determinado la causa específica de su muerte.
Según datos del Servicio de Prisiones de Israel, hasta septiembre de 2025, las cárceles albergan al menos a 10.863 detenidos palestinos; de ellos 3.521 sin juicio previsto ni cargos.
Hay además 350 menores de edad y 48 mujeres. Otros 1.492 son "convictos de seguridad" sentenciados por un tribunal; 2.623 son considerados "combatientes ilegales" (gazatíes retenidos sin juicio) y 3.227 son "detenidos de seguridad", cuyo procedimiento legal está en curso sin sentencia.
"El 74 % de los menores encarcelados ha sufrido violencia", apunta B'Tselem.
"Durante seis días, me dieron sólo una botella de agua de grifo al día y, para comer, sólo un pepino y un trozo de pan podrido que el soldado pisaba antes de darme", dice S.S., liberado el 13 de octubre de 2025 en el marco del último alto el fuego en Gaza y canje por rehenes israelíes.
B'Tselem consiguió recabar testimonios de algunos de los prisioneros y detenidos palestinos liberados en la última tregua, pese al silencio bajo represalia impuesto por las autoridades israelíes sobre su paso por prisión.
Durante la conversación en casa de los Marii, uno de los investigadores de B'Tselem recuerda la advertencia que los servicios de inteligencia israelíes hicieron a uno de los liberados: "La distancia que mantengas con la prensa será la distancia que mantendremos contigo".