Según los resultados divulgados hasta este viernes por la Comisión Electoral, controlada por el Ejército, el Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (USDP), brazo político de los militares, se ha hecho con alrededor de 300 escaños del total de 420 en liza, por lo que podrá imponer sin problemas al nuevo presidente.
Después de las tres rondas electorales que acabaron el domingo pasado, el Ejército -que mantiene varios frentes abiertos contra guerrillas étnicas y grupos prodemocráticos por todo el país- prepara un quinquenio después del golpe del 1 de febrero de 2021 la instalación de un nuevo Parlamento plagado de exmilitares, varios de ellos sancionados en Occidente por reprimir a la oposición.
El general Zaw Min Tun, portavoz de la junta, dijo a EFE que los nuevos diputados y senadores jurarán sus cargos a partir de la segunda semana de marzo para posteriormente elegir al nuevo presidente, cargo que tomó de manera interina el jefe de la junta, el golpista Min Aung Hlaing, quien con casi toda probabilidad seguirá a los mandos.
Respaldado por China y Rusia, Min Aung Hlaing busca con esta apuesta una aproximación a Occidente, que cerró filas desde el golpe a favor del gobierno depuesto, formado por la Liga Nacional por la Democracia (LND) y liderado por la premio nobel de la paz Aung San Suu Kyi, presa desde la asonada.
Un levantamiento que los militares justificaron entonces en un supuesto fraude en las elecciones de 2020, en las que arrasó la LND y que sí contaron con el respaldo de observadores independientes, muy a diferencia de estos comicios, que no han recibido siquiera el espaldarazo de sus vecinos del Sudeste Asiático.
Acusado por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de dirigir una limpieza étnica contra la minoría rohinyá, el general ha expresado su deseo de normalizar relaciones con países como Estados Unidos, que rebajó el tono contra la junta desde el regreso al poder de Donald Trump.
En noviembre, la secretaria estadounidense de Seguridad Nacional, Kristi Noem, dijo que en Birmania había un "notable progreso en gobernanza y estabilidad" para justificar su cancelación del estatus de protección temporal para los ciudadanos de Birmania en EE.UU., lo que podría llevar a unas 3.670 deportaciones.
Además, el pasado 15 de enero, el diplomático Douglas Sonnek asumió funciones como encargado de negocios de EE.UU. en Birmania, en plena salida de diplomáticos .
El profesor de Estudios Internacionales de la Universidad australiana de Adelaida Adam Simpson dijo a EFE que la Administración Trump -enfocada en restar la influencia china en Asia y en hacerse con tierras raras como las que dispone Birmania- "no siente ningún aprecio por la democracia".
"Junto con Rusia y China, Washington aprovechará las elecciones fraudulentas para normalizar las relaciones con la junta si considera que le conviene", auguró el catedrático.
Al respecto, el exlegislador birmano U BoBo Oo, representante en el exilio de la LND, aseguró a EFE que el mundo democrático debe aplicar "una política de castigo" a la futura administración y "buscar una plataforma de diálogo político" que parta de un rechazo al golpe militar.
Pese a las señales de Washington, la junta aún mantiene una amplia impopularidad en Birmania, mientras las embajadas de Dinamarca, Países Bajos, Finlandia y Suecia están listas para cerrar operaciones este año y la Unión Europea (UE) guarda distancias con los militares.
Asimismo, los vecinos de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, a la que pertenece Birmania) subrayaron durante una reunión el jueves, sin participación de la junta, la importancia de celebrar unas elecciones "libres, inclusivas y creíbles".
Una vez se nombre presidente, se espera que los militares anuncien medidas y nombramientos que darán pistas sobre las intenciones con las que arrancarán esta nueva fase, aún con numerosos territorios bajo el conflicto entre el Ejército, guerrillas étnicas y grupos prodemocráticos.