"Aquí, dentro de este Sepulcro, no nos encontramos ante un símbolo: nos enfrentamos a un vacío real", comenzó su homilía el cardenal Pizzaballa en referencia al cierre prolongado de uno de los lugares más sagrados del Cristianismo.
"La Pascua comienza así: no con una explicación, sino con una ruptura. No con emoción, sino con una pregunta desorientadora", dijo el religioso, a quien la Policía israelí impidió oficiar la misa aquí el Domingo de Ramos, causando un revuelo internacional que forzó al gobierno de Benjamín Netanyahu un cambio de política.
En el rito en esta basílica, situada en la Ciudad Vieja del ocupado Jerusalén Este, participaron el patriarca y cerca de una veintena de personas entre religiosos y algunos frailes que residen en el complejo, según un vídeo de la misa, mientras que la Policía israelí impidió la entrada a fieles que se congregaron en las inmediaciones con palmas, cruces y velas.
Algunos de los fieles que acudieron al lugar expresaron su tristeza y frustración por no poder participar en una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano.
"Es realmente muy difícil querer venir a rezar y no encontrar nada", dijo a EFE Cristina Toderas, de 44 años, residente en Jerusalén y originaria de Rumanía. "Fuera de la Ciudad Vieja, las iglesias están abiertas. (...) Y para nosotros, ¿por qué está cerrada?", se lamentó.
En la misma línea, Deivis, cristiano residente en Tel Aviv, se hizo eco de su pregunta y afirmó que "deberían dejar entrar a la gente porque la religión es de todos".
Desde el inicio de la guerra con Irán, Israel mantiene las entradas a la Ciudad Vieja custodiadas por un fuerte despliegue policial, y bares y tiendas permanecen cerrados, desde que el conflicto estallara en mitad del Ramadán deteniendo toda actividad económica y rezos en la Explanada de las Mezquitas.
De forma paralela, este domingo se celebró la tradicional Bendición Sacerdotal (Birkat Kohanim) de la festividad judía de Pésaj. En ella participaron unos cincuenta de rabinos, que rezaron en la sección subterránea del Muro de las Lamentaciones en lugar de en la explanada.
Las medidas de seguridad vigentes, por el estado de emergencia, restringen las reuniones en espacios públicos a un máximo de 50 personas siempre que existan refugios cercanos, inexistentes en Jerusalén Este.
Sin embargo, esta misma medida fue violada por israelíes celebrando el Purim en marzo y, según los organizadores de las protestas que tienen lugar cada sábado contra la guerra, en las mismas playas de Tel Aviv suele superarse ese número, sin que la Policía actúe (una policía que sí que dispersó ayer una manifestación antiguerra deteniendo a 17 personas en Tel Aviv).