En una audiencia en el Palacio Apostólico con los miembros de la Asociación Italiana de Esclerosis Lateral Amiotrófica (AISLA), el pontífice destacó que, ante las situaciones difíciles de la vida, “nadie debe ser dejado nunca solo”.
León XIV agradeció el testimonio de quienes padecen esta patología neurodegenerativa, de quienes dijo que, “como profetas”, enseñan al mundo “el valor verdadero de la vida”.
“Cada día, con compromiso, fe y valentía, testimonian que la bondad y el valor de la vida son más grandes que la enfermedad”, afirmó el pontífice, y añadió que los desafíos que impone la ELA pueden transformarse en “ocasiones especiales y privilegiadas para dar y recibir amor”.
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Labor del voluntariado
El papa elogió la labor del voluntariado y de las asociaciones que generan una “alianza terapéutica de cercanía y proximidad” entre enfermos, familiares y cuidadores.
En este sentido, León XIV citó la exhortación ‘Evangelii gaudium’ de su predecesor, el papa Francisco, para recordar que el voluntariado pone en circulación “solidaridad y respeto”, y la importancia de los “gestos de cuidado” frente a la “cultura del descarte y de la muerte”.
Asimismo, el pontífice estadounidense-peruano destacó el apoyo de las asociaciones a la investigación científica, la formación y la información.
Subrayó la importancia de su función de representación y defensa para sensibilizar a individuos, comunidades e instituciones “allá donde se hace necesario proteger los derechos de quien necesita ayuda”.
Más que burocracia
Durante su discurso, León XIV también puso el foco en la necesidad de una atención que no sea meramente burocrática u organizativa.
Para León XIV, la atención sanitaria requiere “presencia, incluso física”, especialmente en el entorno domiciliario de los pacientes.
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“La Iglesia siente mucho el valor de este ‘estar cerca’: de acompañar a las personas allá donde se encuentran, en sus casas”, señaló, destacando que es necesario responder a las “preguntas de sentido que el dolor suscita y que no pueden quedar desatendidas”.
El pontífice concluyó su intervención recordando que el dolor y el sufrimiento “no pueden detener el amor” y animó a los presentes a seguir caminando como un “pueblo de la esperanza” que no se rinde ante la adversidad.