La Central Obrera Boliviana (COB) declaró a principios de mayo una huelga laboral y un bloqueo de carreteras, para rechazar la falta de soluciones gubernamentales a la crisis económica, la más grave en 40 años.
La medida provocó carestía de alimentos, medicinas y combustibles en varias ciudades, principalmente en La Paz y su vecina El Alto.
Mario Argollo, máximo líder de la COB, declaró el viernes por la noche que “desde este momento se están levantando las medidas de presión a nivel nacional”. Hay “compromiso del gobierno de cumplir de manera inmediata todo lo que se ha suscrito” agregó.
Paz saludó el acuerdo, al afirmar que “el diálogo es más fuerte que la propia fuerza, no sobreviven los más fuertes, sobreviven los que se saben adaptar”.
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Los campesinos, indígenas, y trabajadores de fábricas y de minas que se unieron a las protestas exigían la dimisión del gobernante.
El gobierno de Paz abrió la semana pasada un diálogo con Argollo. Mesas de trabajo funcionaron entre los sindicalistas y ministros para alcanzar el acuerdo de este viernes.
Los cortes de rutas llegaron a ser más de un centenar. Hasta ahora han disminuido a la mitad y el gobierno espera que vayan descendiendo en el curso de las próximas horas.
Sin embargo, los indígenas y campesinos del sindicato Túpac Katari de los Andes bolivianos y los cocaleros del Chapare (centro), el feudo del expresidente Evo Morales (2006-2019), han decidido mantener la presión.
“Se ha determinado radicalizar las piquetes (grupos) de huelgas de carreteras”, afirmó el dirigente campesino Antonio Mallku, entrevistado por el canal Unitel.