Un estudio internacional plantea reinundar el mar de Aral para reducir emisiones

Palma (España), 17 jul (EFE).- Un estudio internacional con participación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) de Baleares concluye que la reinundación parcial del mar de Aral podría evitar la emisión de 605 megatoneladas adicionales de dióxido de carbono (CO₂) y generar miles de millones de dólares en créditos de carbono.

La investigación, publicada en la revista Science y liderada por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en Cataluña, ha contado con la colaboración del investigador del Imedea (CSIC-UIB) Joan Pere Casas Ruiz y plantea que la restauración parcial del antiguo lago podría convertirse en una herramienta de mitigación del cambio climático.

El trabajo analiza las consecuencias de la desecación del mar de Aral, considerado uno de los mayores desastres ambientales del planeta.

El lago, que llegó a ser el cuarto más grande del mundo, comenzó a desaparecer en la década de 1960 tras el desvío de los ríos que lo alimentaban para proyectos de regadío y, desde entonces, se ha transformado en un extenso desierto salino con importantes impactos ambientales, sociales y económicos.

Los investigadores explican que los grandes lagos continentales desempeñan un papel fundamental en el ciclo global del carbono al almacenar durante largos periodos materia orgánica en sus sedimentos.

Sin embargo, cuando estos ecosistemas se secan, los sedimentos quedan expuestos al aire y el carbono acumulado durante siglos comienza a liberarse a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.

El estudio estima que desde 1960 el lecho desecado del mar de Aral ha emitido ya 748 megatoneladas de CO₂, pero advierte de que todavía permanece enterrada una enorme reserva de carbono cuya liberación podría evitarse si parte del sistema volviera a inundarse.

En concreto, calcula que podrían impedirse emisiones adicionales de 605 megatoneladas de CO₂, una cantidad equivalente a casi tres años de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana en España.

El investigador principal del estudio, Rafael Marcé, del CEAB-CSIC, sostiene que bajo el antiguo lecho del mar de Aral existe un "tesoro oculto de carbono" que seguirá liberándose mientras los sedimentos permanezcan expuestos y que podría convertirse en una herramienta para combatir el cambio climático si el sistema recupera parte de su superficie inundada.

Por su parte, la investigadora Núria Catalán, del CEAB-CSIC, destaca que la desaparición de un lago no solo supone un problema hidrológico, ecológico o socioeconómico, sino que también altera el ciclo del carbono, un aspecto que apenas había sido incorporado hasta ahora a la contabilidad climática.

Además del beneficio ambiental, el trabajo analiza el potencial económico de esta restauración. Utilizando como referencia los precios del mercado voluntario de carbono, los autores calculan que evitar la emisión de esas 605 megatoneladas de CO₂ podría traducirse en entre 3.600 y 18.000 millones de dólares en créditos de carbono comercializables.

A su juicio, esta posibilidad permitiría financiar parte de los costes de recuperación del lago mediante mecanismos internacionales de financiación climática.

Los investigadores sostienen que la restauración del mar de Aral no debe contemplarse únicamente como una intervención ambiental costosa, sino también como una inversión climática con beneficios cuantificables.

En este sentido, consideran que el valor económico del carbono almacenado en los sedimentos podría complementar otras fórmulas de cooperación internacional relacionadas con la gestión del agua.

El estudio también evalúa distintas medidas para aumentar el caudal de agua que llega al lago, entre ellas mejorar la eficiencia de los sistemas de riego, optimizar las infraestructuras hidráulicas y reforzar la coordinación entre los países de la cuenca.

Según sus estimaciones, una inversión cercana a los 9.700 millones de dólares permitiría recuperar aproximadamente la mitad de la superficie que tenía el mar de Aral en 1960 y generar, al mismo tiempo, unos 323 megatoneladas equivalentes de créditos de carbono.

Los autores reconocen que la restauración completa del mar de Aral continúa siendo un desafío técnico, político y social de gran complejidad, aunque consideran que la financiación climática puede convertirse en un catalizador si se combina con una gestión más eficiente del agua y con una mayor cooperación internacional.

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