En Golo, en el centro de Darfur, sólo hay un hospital capaz de practicar cesáreas, y "la mayoría de las mujeres llegan desde las aldeas caminando durante horas o siendo trasportadas en rudimentarias camillas de madera a través de las montañas, cuando ya están de parto o sufriendo una hemorragia", relató la representante en Sudán del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), Fabrizia Falcione.
Ella misma, durante la visita, tardó nueve horas en llegar a Golo desde la frontera con Chad, circulando la mayor parte del camino por carreteras sin asfaltar "hechas para burros y camellos", describió para la prensa acreditada ante la ONU en Ginebra.
"Muchas llegan cuando ya es demasiado tarde para ellas y también para sus bebés", subrayó, añadiendo que el hospital en ocasiones tiene agotados sus suministros de anestesia, y que las mujeres intervenidas, pocos días después, regresan a sus aldeas a pie.
Falcione también visitó el cambo de desplazados de Tawila, donde se refugian del conflicto más de 700.000 personas, y en el que la ONU y ONG han logrado acondicionar instalaciones para la atención obstétrica de emergencia.
Ello atrae a mujeres procedentes de otras zonas del norte y centro de Darfur, pero también les condena a horas de desplazamiento y el riesgo de perder la vida en ellos, advirtió.
"No podemos dejar a las mujeres embarazadas sin otra opción que atravesar un vasto y difícil territorio para llegar a un hospital donde puedan dar a luz de forma segura", afirmó.
Falcione recomendó por ello ampliar los servicios móviles y apoyar a las matronas comunitarias, que en muchas zonas de la región están mal remuneradas.
"Las matronas con las que hablé en Darfur me dijeron que por ayudar a una mujer a dar a luz reciben como pago lo que las mujeres pueden ofrecerles, a veces una simple pastilla de jabón o un poco de azúcar", describió.
También se necesitan más suministros de salud reproductiva en la región, en un momento en el que UNFPA, como otras agencias humanitarias en la zona, sufren problemas de financiación, indicó.