Además de convencer a sus abastecedores de entregar ganado que pueda ser rastreado para evitar que provenga de áreas desforestadas de la Amazonía, las plantas también pueden incentivar a los pequeños productores a adoptar prácticas sustentables mediante incentivos económicos, financiación compartida, asistencia técnica y apoyo documental, según los estudios.
Las investigaciones del Instituto de Manejo y Certificación Forestal y Agrícola (Imaflora), realizadas a partir de proyectos piloto en el estado amazónico de Pará, señalan que la adopción de sistemas de identificación individual de los animales y la regularización ambiental requieren medidas que reduzcan las barreras económicas y operativas que enfrentan los productores.
Una de las principales recomendaciones es que las plantas procesadoras incorporen la trazabilidad como requisito para sus proveedores.
"Las plantas, como concentran la cadena de producción, contribuyen a reducir las dudas de los productores y pueden orientarlos sobre los procedimientos, por eso son vitales para implantar la trazabilidad", afirmó en una rueda de prensa el coordinador de Políticas Públicas de Imaflora, Bruno Vello.
El estudio, elaborado en asociación con Amigos de la Tierra a partir de un proyecto piloto, apoyó a 59 proveedores de plantas frigoríficas en la adopción de la trazabilidad individual de 26.000 cabezas de ganado.
La investigación concluyó que las plantas, especialmente las de mediano tamaño, pueden acelerar el proceso utilizando sus propias estructuras de gestión ambiental y de captación de ganado, combinadas con asistencia técnica sobre el terreno.
Los autores estiman que la reproducción de esta estrategia por parte de las empresas con mayor capacidad podría elevar la proporción de animales identificados individualmente en Pará del 0,2 % registrado en 2025 al 30,2 % en 2030, lo que supondría unos 7,5 millones de bovinos.
El estudio recomienda, además, que los programas no se limiten a exigir el cumplimiento de nuevas condiciones a los productores, sino que les proporcionen los medios necesarios para alcanzarlas.
Ello debido a que el mayor costo es el equipo de rastreo, en este caso un chip electrónico incorporado en un arete, que inicialmente recae en el productor, lo que genera resistencia entre las pequeñas familias que crían ganado, explicó Natália Grossi, coordinadora del Programa de Cadenas Agropecuarias de Amigos de la Tierra.
Entre las medidas recomendadas para superar esta barrera figuran los incentivos económicos, la financiación compartida y la asistencia técnica continua.
La otra investigación, realizada en conjunto con la Fundación Solidaridad, mostró que los programas de reinserción comercial de pequeños productores enfrentan resistencia cuando las familias son invitadas a adoptar medidas de regularización ambiental que las obligan a reducir el área disponible para la producción.
El estudio, realizado en un área de beneficiarios de la reforma agraria también en Pará, visitó 143 productores, de los que solo 13 adhirieron al programa.
Pero la oferta de un incentivo económico y de asistencia técnica permitió que otros siete propietarios de sumaran al proyecto.
Los investigadores concluyeron que la transición debe ofrecer alternativas productivas capaces de compensar la reducción de ingresos provocada por la recuperación ambiental.
Entre las soluciones identificadas figuran la intensificación sostenible de la ganadería y la implantación de sistemas agroforestales con cacao, acompañadas de asistencia técnica.
El futuro del agronegocio y de la bioeconomía en América Latina es uno de los temas que se discutirá en la cuarta edición del Foro Latinoamericano de Economía Verde (FLEV), que organiza la Agencia EFE en São Paulo el próximo jueves y que contará con la participación de autoridades, expertos y representantes de empresas y organismos multilaterales.
El evento cuenta con el patrocinio de ApexBrasil y WWF-Brasil, y el apoyo de AYA Earth Partners, Imaflora y Observatorio del Clima.