En su discurso en el Salón de Fiestas del Palacio presidencial, el papa que recordó que tiene raíces familiares normandas y bearnesas y elogió la vasta obra de restauración de la catedral de Notre-Dame de París tras el incendio de 2019, además de agradecer al presidente Macron su atención especial en el proyecto.
El pontífice apeló al diálogo y agregó que "resulta aún más urgente en el contexto de la Francia de hoy, donde personas de diferentes orígenes culturales y religiosos están llamadas a convivir y a contribuir a la edificación de la sociedad".
Y al respecto recordó "que una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias, previniendo las derivas autoritarias y promoviendo un diálogo ético que enriquece el tejido social".
Defendiendo la labor de la Iglesia y de protección de los más vulnerables, León XIV reafirmó "con fuerza" que "la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano", en un mensaje que, aunque sin citarlo, llega después de que se aprobara en julio la ley que regula la eutanasia y el suicidio asistido.
"Existe en nuestros días la tentación de esperar que la ciencia nos brinde una solución y un consuelo para todos nuestros sufrimientos. El riesgo es, a menudo, caer dicha ilusión. Cuando la ciencia y la tecnología no están guiadas por la conciencia, pueden proponer soluciones inmediatas que parecerían responder a los deseos y sufrimientos de los hombres y mujeres, pero que, en realidad, consiguen desviarlos gravemente del bien al que aspiran profundamente", añadió el pontífice.
En un país considerado la cuna del laicismo moderno, el pontífice estadounidense afirmó que "una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación, sino en trabajar para que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio de lo verdadero, lo bueno y lo bello, para que el mundo tenga vida".