GINEBRA. La OMS estima que 170 millones de niños y adolescentes vivían con obesidad en 2024: 70 millones de niños entre los 5 y 9 años, y 100 millones de adolescentes entre los 10 y 19 años.
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Las nuevas directrices establecen cómo los sistemas sanitarios y los profesionales deben abordar esta situación cuando reciben a un paciente en esos rangos de edades, y que se debe empezar proponiendo intervenciones que combinen la alimentación, la actividad física y la modificación de conductas que pueden haber llevado al sobrepeso.
Para los niños de hasta 9 años, la organización no recomienda tratamientos farmacológicos, cirugía bariátrica, ni dispositivos destinados a reducir el peso.
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En el caso de los adolescentes de 10 a 19 años, los medicamentos autorizados pueden plantearse únicamente cuando un programa supervisado que combine cambios en el estilo de vida no haya logrado los resultados esperados a lo largo de al menos seis meses.
“La base de la atención de la obesidad en niños y adolescentes no son los medicamentos ni la cirugía, sino el acceso a un apoyo integral que permita una alimentación saludable, actividad física y un cambio de conducta sostenible”, señaló en una rueda de prensa la jefa del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, Luz María De Regil.
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La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente que aumenta el riesgo de enfermedades no transmisibles, como la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, mientras que el riesgo de sufrir estigmatización, discriminación y acoso es particularmente elevado entre los menores obesos.
Por ello, las nuevas directrices recomiendan abordar también la salud mental, ya que la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y las dificultades para regular las emociones pueden contribuir a comportamientos alimentarios poco saludables, inactividad física y aislamiento social.
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La organización advirtió además de que el tratamiento por sí solo no permitirá revertir el aumento mundial de la obesidad y reclamó políticas públicas que hagan que las dietas saludables y la actividad física sean más accesibles y asequibles.
La obesidad a nivel mundial no cesa de aumentar, aunque en el caso de los países de ingresos altos se observa cierta estabilidad, pero no reducción, precisó De Regil.
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En cambio, en numerosos países de regiones de ingresos medios y bajos la obesidad sigue creciendo.
Asimismo, la experta señaló que esta enfermedad genera costos por varios billones de dólares y que cuando empieza en un periodo temprano de la vida aparecen “costos acumulados”.
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Con estas recomendaciones, la OMS ha completado sus directrices para el tratamiento de obesidad en adultos.