En su catequesis de la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro el papa reflexionó sobre la Constitución 'Gaudium et spes', documento elaborado durante el Concilio Vaticano II y ante los miles de fieles reunidos en la plaza afirmó que "la Iglesia no está por encima de o junto al mundo, sino que está injertada en él".
Y por ello, destacó que "la primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor".
Y denunció "que la lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto".
Añadió también que la Iglesia también tiene que "contribuir a la construcción de la ciudad terrenal" aunque "sus métodos y su finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad".
Por ello, indicó, que "el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia".
Para cumplir con eficacia la misión de la Iglesia, recordó el papa, "es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes".
Y esto requiere, señaló, "un ánimo equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integridad".
"De hecho, ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo", añadió.