Sentados en sillas de plástico y con tentempiés, cientos de personas podían verse esperando desde primera hora de la mañana para ejercer su derecho democrático en muchos de los casi 23.700 colegios electorales, cuyas puertas abrieron a las 07:00 hora local (05:00 GMT) y está previsto que cierren a las 21:00 (19:00 GMT).
Algo más de 29 millones de personas están llamadas a las urnas en unos comicios en los que compiten 136.790 candidatos, repartidos entre 546 partidos políticos y candidaturas independientes.
Compiten por escaños en ocho municipios metropolitanos, 44 municipios de distrito y 205 municipios locales, según la Comisión Electoral Independiente (IEC, en inglés).
"Llegué temprano, alrededor de las 06.00 (05.00 GMT), y cuando comenzó la votación, el proceso avanzó con bastante rapidez. Los funcionarios de la IEC están muy bien organizados", dijo a EFE Shoni Makhari, empresario que votó en la estación de bomberos de Lone Hill, un suburbio de Johannesburgo (norte).
Desde la capital, Pretoria, la votante Mia MacDonald, propietaria de una librería, aseguró por teléfono a EFE "que la gente está desesperada por un cambio, la economía está pasando por un mal momento y votar te da un poco de esperanza de que las cosas puedan mejorar".
Según la IEC, al menos 3,5 millones de personas votaron en las tres primeras horas de la jornada, en unos comicios que se desarrollan en calma a excepción de incidentes aislados.
El presidente sudafricano y líder del CNA, Cyril Ramaphosa, celebró la alta participación al votar en el exclusivo barrio de Hyde Park, en Johannesburgo, pero admitió los "desafíos" y la falta de servicios que sufren los municipios del país.
"Este es un día histórico (...). Esto es la democracia en acción y esto es lo que nuestra gente quería ver", declaró a la prensa.
"Como Gobierno -destacó-, estamos decididos a reconstruir nuestra estructura de gobierno local para garantizar que lo prometido -una vida mejor para nuestra gente, tal como articulamos en nuestro plan nacional de desarrollo- se haga realidad".
"Entramos en un nuevo capítulo de nuestra democracia (...), de mejor gobernanza y mejor prestación de servicios", concluyó Ramaphosa.
También votaron otros líderes políticos, como Helen Zille, candidata para la Alcaldía de Johannesburgo de la Alianza Democrática (AD) -segundo partido de la coalición gubernamental-, que lo hizo en Randburg, en el área metropolitana de esa ciudad.
"Esperamos conseguir que los servicios básicos funcionen (...). Nuestra labor es suministrar agua, electricidad, construir carreteras y todas esas cosas", aseveró Zille, al subrayar que son los votantes "quienes deben decidir si quieren rescatar a su ciudad o no".
Esta cita electoral sirve para medir la popularidad de un CNA que ya sufrió una debacle en las elecciones locales de 2021, cuando recibió menos del 50 % de los votos por primera vez desde el establecimiento de la democracia constitucional en el país en 1994.
La tendencia se confirmó en los comicios generales de 2024, cuando también perdió por primera vez la mayoría absoluta y se vio obligado a formar una coalición junto con la AD -partido asociado a la minoría blanca y principal fuerza opositora hasta 2024- y otras ocho formaciones menores.
Tras esta pérdida de apoyo se encuentran sus graves escándalos de corrupción, los problemas económicos y de seguridad, y la deficiente gestión de los ayuntamientos a nivel local, especialmente por deficiencias en la prestación de servicios básicos como la electricidad o el agua.
Estas elecciones llegan, además, en un momento marcado por un escenario de violencia política y xenófoba.
Según la organización Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC), con sede en Suiza, Sudáfrica ha registrado al menos 43 asesinatos por motivos políticos en lo que va de año.
A esa realidad se suma la oleada xenófoba que vive el país desde el pasado abril, alentada por protestas violentas y asesinatos que involucraron a migrantes y grupos antiinmigración.
Estos grupos culpan a los migrantes de los problemas económicos, las deficiencias en los servicios públicos y la alta criminalidad; e incluso llegaron a impedirles el acceso a atención sanitaria y educación en centros públicos.
Más de 260.000 ciudadanos africanos fueron repatriados a sus países en los últimos meses por esa ola xenófoba.