Cuánta saliva es “normal”
No todos los perros salivan igual. Razas como san bernardo, mastín, bóxer o bulldog producen y dejan escapar más saliva por la forma de sus labios y hocico.
También es habitual que un perro babee más cuando:
- Huele o anticipa comida
- Está nervioso (por ejemplo, en el coche)
- Hace mucho calor y jadea intensamente
En estos casos, la salivación se reduce sola cuando desaparece el estímulo. El problema aparece cuando el animal babea de forma continua, abundante o distinta a lo habitual para él, y sobre todo cuando el cambio es brusco.
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Cuando la baba viene con otros síntomas
Lo preocupante no es solo la cantidad de saliva, sino lo que la acompaña. Deben encender las alarmas signos como:
- Dificultad para tragar o para cerrar la boca
- Lengua o encías muy pálidas, muy rojas o con puntos morados
- Vómitos, arcadas repetidas o náuseas
- Hinchazón del abdomen o dolor al tocarlo
- Jadeo muy intenso, descoordinación o debilidad
- Mal aliento súbito y muy fuerte
- Inflamación visible en boca, lengua o labios
La combinación de babeo intenso con alguno de estos síntomas justifica una consulta urgente.
Causas que van de lo leve a lo grave
Entre las causas benignas están las náuseas por mareo en el coche, ciertos medicamentos o un episodio puntual de estrés. Otras situaciones, en cambio, requieren intervención rápida:
- Golpe de calor: en días calurosos, un perro que jadea sin parar, babea en exceso y parece desorientado puede estar sufriéndolo. Es una urgencia vital.
- Intoxicaciones: productos de limpieza, plantas ornamentales, medicamentos humanos o incluso algunos sapos pueden provocar salivación intensa, temblores y vómitos.
- Problemas en boca: espigas clavadas, heridas, dientes en mal estado o cuerpos extraños atrapados entre las muelas causan dolor y babeo constante.
- Torsión gástrica: en razas grandes, un abdomen hinchado, intentos de vomitar sin éxito y baba abundante pueden indicar esta patología, que requiere cirugía inmediata.
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¿Cuándo hay que salir corriendo al veterinario?
Los especialistas recomiendan no esperar si el babeo:
- Es repentino y muy superior a lo habitual
- Dura más de una hora sin causa clara
- Se asocia a vómitos, debilidad, dificultad para respirar o encías anómalas
Mientras se llega a la clínica, se aconseja no ofrecer comida ni medicación por cuenta propia y evitar que el animal siga expuesto a calor o posibles tóxicos.
La observación diaria como mejor prevención
Revisar de forma periódica la boca del perro, mantener al día su limpieza dental, no dejar a su alcance productos tóxicos y evitar el ejercicio intenso con altas temperaturas son medidas sencillas que reducen riesgos.
Conocer el patrón normal de salivación de cada animal es clave. Cualquier cambio brusco, sobre todo si se acompaña de otros síntomas, merece algo más que una fregona: puede ser la pista silenciosa de un problema de salud que necesita atención veterinaria.