No se trata de coronar al “más listo”, sino de entender fortalezas y límites. Un perro puede ser excelente para seguir gestos humanos y, a la vez, frustrarse con rompecabezas; otro puede destacar en olfato y perseverancia, pero ignorar el “señalamiento” con el dedo.
El contexto también pesa: edad, estrés, experiencias previas, motivación por comida o juego e incluso el vínculo con quien realiza la prueba.
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Un test casero inspirado en Budapest: el “desafío de los dos vasos”
La versión más accesible replica una tarea muy usada en investigación: ver si el perro usa pistas humanas para encontrar una recompensa.
En una habitación tranquila, mostrale un premio y escondelo bajo uno de dos vasos opacos (o recipientes iguales), separados unos 60–80 centímetros.
Luego, sin moverte hacia el vaso correcto, señalalo de forma clara con el dedo (o miralo de manera ostensible) y liberá al perro para que elija. Repetí 10 intentos, alternando lados al azar.
Si acierta con alta frecuencia, es una buena señal de que interpreta tu gesto como información útil. Si falla, no significa “baja inteligencia”: muchos perros necesitan aprender la dinámica, otros se distraen o se guían más por el olfato que por la mirada humana.
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Dos pruebas rápidas para completar el perfil
Para sumar una mirada más amplia, podés agregar:
- Memoria de ubicación: escondé el premio a la vista, bloqueá el acceso 10 segundos y dejalo buscar. Subí a 30 y 60 segundos.
- Autocontrol: ofrecé un premio en tu mano abierta y cerrala si intenta tomarlo; premiá cuando espere. Observá si mejora en pocos minutos.
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Qué tener en cuenta
Hacé sesiones cortas (5–10 minutos), con refuerzos positivos y sin castigos.
Grabarte con el celular ayuda a evaluar sin sesgo.
Y recordá: un resultado aislado no define a tu perro. La “genialidad” canina suele verse, más que en acertar, en cómo intenta, se adapta y aprende con vos.