Cada día en las paradas de transporte público los pasajeros prefieren aglomerarse antes que esperar el transporte público solos, pues el temor reina en estos momentos en el departamento Central, luego de la ola de asaltos que se registraron y que dejaron en jaque a la ciudadanía, porque no solo fue el robo, sino también la violencia e incluso la muerte lo que se vivió a plena luz del día durante la semana pasada.
Y aunque para la Policía Nacional la inseguridad es solo “una sensación” potencializada por la excesiva visualización de imágenes de circuito cerrado que mostramos los medios de prensa sobre estos asaltos, la gente que sale cada día a ponerle el pecho al miedo en las paradas de buses es la que sabe muy bien que el terror a perderlo todo, incluso la vida, no es solo parte de su imaginación.
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Poca confianza en actuación policial
En un recorrido de nuestro equipo periodístico visitamos la conocida parada de buses que se encuentra frente a la Parroquia San Agustín y Santa Mónica, sobre la ruta PY03, en su intersección con la calle José Sanabria, en Loma Pytá.
Preguntamos a la gente cómo se siente después de este despliegue de controles que comenzó a realizar ayer la Policía y en su mayoría nos expresaron que no observan presencia policial, pese a que la comisaría 22º Metropolitana se encuentra a la vuelta de esta parada.
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La gente no quiere “humo”
Los ciudadanos en general expresaron que se sienten inseguros y con miedo debido a la gran cantidad de asaltos que se dieron en los últimos días. Además, algunos ciudadanos afirman que los controles recientes de la Policía en los buses son puro “humo”, pues no están realmente en los peligrosos horarios de la noche, cuando los malvivientes atracan en cuestión de segundos, sin que haya un solo policía patrullando esta esquina.
Esta conocida parada de buses ubicada frente a la Parroquia San Agustín y Santa Mónica es un lugar donde la gente viene a esperar en gran cantidad los colectivos que van llegando hacia la Capital.
“Dramatizar” controles no convence a la gente
Después del repudio ciudadano, la Policía comenzó a realizar controles subiendo a los buses, con el objetivo de transmitir una “sensación de seguridad”, pero la gente no se deja guiar por las apariencias y directamente ya no les cree a los uniformados, pues argumentan que más allá del “show” que hacen subiendo a los buses a controlar, los asaltos ocurren en cuestión de segundos, por lo que de nada sirve la “dramatización” de los controles durante el día.
Mauricio, un joven que habitualmente espera colectivo en esta parada, cree que la inseguridad está afectando cada vez más a la sociedad. El joven presume que se debe al golpe económico que causó la pandemia, que lleva a los malvivientes a robar.
Contó que los alumbrados públicos que se encuentran en el lugar no funcionan, por lo que durante la noche la parada se convierte en el enemigo de los pasajeros y en un lugar de cacería para los delincuentes.
Criticó que la presencia de los policías sea “pura pantalla” y no estén realmente en el lugar que se necesita.
Compañía da cierta tranquilidad
Por su parte, Adriana, otra pasajera, comentó que habitualmente espera su línea aquí justamente porque se siente un poco más tranquila, ya que las otras son peores.
La presencia de mucha gente puede inhibir a los asaltantes, por lo que ella aprovecha esta gran cantidad de personas para sentirse un poco más acompañada.
La joven afirmó que nunca vio a ningún policía en la parada, por lo que no le da mucho crédito a la supuesta presencia que quieren aparentar los uniformados en los últimos días.
Episodios que instalaron temor
Apenas el pasado viernes 3 de setiembre, motoasaltantes mataron a un policía sobre la avenida San Martín para robarle dinero que el uniformado había retirado de un banco cercano. El hecho, además de la dolorosa pérdida, reencendió las alarmas sobre una práctica poco clara que realiza la Policía Nacional con respecto a las custodias privadas, pues el trabajo que estaba haciendo este uniformado ni siquiera figuraba en los registros de la comisaría. Inclusive, había dudas sobre en qué delegación policial cumplía funciones realmente.
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Otro hecho que conmocionó lo protagonizó una joven que se cayó del bus en marcha durante un forcejeo con asaltantes que le robaron su celular. La joven se encuentra en estado delicado.
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La ola de inseguridad despertó tanta indignación que el ministro del Interior, Arnaldo Giuzzio, tuvo que salir a dar la cara ante las críticas, anunció cambios y se emplazó a sí mismo a que, si no hay cambios, dará un paso al costado.