Mientras las autoridades del Instituto de Previsión Social (IPS) defienden la gestión de insumos con cifras alentadoras, la realidad en las ventanillas de sus farmacias, cuenta una historia drásticamente diferente para miles de asegurados que regresan a casa con las manos vacías.
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Según datos oficiales proveídos por Martha Flor, jefa del Departamento de Administración de Suministros Médicos, el IPS cuenta actualmente con una disponibilidad del 90% en su vademécum. De los 539 medicamentos esenciales de su lista, la institución afirma que la gran mayoría está presente en los parques sanitarios.
Medicamentos sensibles: ¿Realidad o discurso?
Sin embargo, ese 10% restante -según admiten- representa el nudo crítico del problema: productos de alta rotación y fármacos nuevos cuya demanda sobrepasa la capacidad de reposición administrativa.
“Tenemos mucho que distribuir, pero dependemos de la recepción de los productos para completar el esquema”, explicó Flor, vinculando la falta de estos fármacos a la “temporada alta” de consultas por el periodo vacacional.
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A pesar de que la administración asegura contar con stock de drogas clave como Losartán, Metformina e insulinas como Glargina y Semaglutida, los pacientes con patologías crónicas reportan quiebres constantes. Medicamentos de vanguardia como la Dapagliflozina sufren un agotamiento inmediato apenas ingresan al sistema.
El calvario de los turnos
El desabastecimiento es solo una cara de la moneda. Un recorrido realizado por ABC TV por el Hospital Central reveló un sistema saturado no solo de pacientes, sino de carencias estructurales en el interior del país.
Pacientes provenientes de ciudades de Central como Villeta o zonas lejanas como Caazapá, se ven obligados a viajar horas hasta la capital. “Allá no hay los servicios para hacer todo lo que necesito”, lamentó un asegurado, evidenciando la incapacidad de las clínicas periféricas para realizar análisis básicos.
Las largas esperas para turnos y atención médica son atribuidas por los aportantes a la escasez de médicos y personal administrativo.
Entre la burocracia de las licitaciones y una demanda que no da tregua, la gestión institucional se limita a defender los inventarios de sus depósitos, mientras el aportante sigue costeando de su bolsillo los medicamentos que la previsional debería garantizarle por derecho.
Integración de IPS-MSPBS
Mientras el seguro social agudiza las carencias de los asegurados y apenas sostiene los servicios que debe garantizar a sus aportantes, el presidente de la República Santiago Peña acelera la integración entre el Ministerio de Salud (MSPBS) y el IPS bajo un discurso de eficiencia administrativa.
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El plan, sin embargo, enfrenta un rechazo masivo de los aportantes, quienes denuncian la inconstitucionalidad de la medida y advierten que la apertura del sistema a no aportantes provocará el colapso definitivo de la previsional.