La precariedad del sistema público de salud en el interior del país vuelve a quedar al desnudo en el distrito de Tacuaras, donde una pareja de ancianos que vive sola en una zona rural denuncia haber sido prácticamente abandonada por la Unidad de Salud Familiar (USF) dependiente de la Duodécima Región Sanitaria.
Se trata de doña Tomasa Vargas, quien lleva un año y siete meses postrada en cama, sin que —según el testimonio de la familia— ningún médico haya acudido jamás a su vivienda para evaluarla. Su esposo, también de avanzada edad, es el único sostén y cuidador, en condiciones igualmente frágiles.
La vivienda se encuentra en el kilómetro 316 de la ruta PY 04, en la compañía Yaguarón, distrito de Tacuaras, a apenas 300 metros de la ruta asfaltada, lo que desmiente cualquier excusa vinculada a inaccesibilidad geográfica o aislamiento extremo.
De acuerdo con el relato de los afectados, en un primer momento una enfermera de la USF realizaba visitas periódicas, pero desde hace varios meses esa asistencia fue suspendida sin explicación alguna, dejando a la pareja librada a su suerte, sin controles médicos, sin seguimiento clínico y sin provisión regular de atención básica.
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El caso apunta directamente a la USF de Tacuaras, cuya encargada es la Lic. Avelina Rojas, y a la Duodécima Región Sanitaria, bajo la órbita del Ministerio de Salud Pública, instituciones cuya razón de ser es justamente garantizar atención primaria a los sectores más vulnerables, en especial a adultos mayores que viven en zonas rurales.
Consultada sobre la denuncia, la directora de la USF de la Duodécima Región Sanitaria, doctora Lilian Mendoza, afirmó que “según las planillas, la pareja siempre fue asistida”. Sin embargo, la realidad que describen los propios afectados contradice de manera frontal los registros administrativos, dejando en evidencia una preocupante brecha entre el papel y los hechos.
El caso vuelve a poner en tela de juicio la veracidad de los informes internos, el control efectivo de las USF y la responsabilidad de las autoridades sanitarias, en un contexto donde los adultos mayores continúan siendo uno de los sectores más desprotegidos del sistema público.
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Mientras las planillas hablan de asistencia cumplida, doña Tomasa sigue postrada, sin diagnóstico médico, y su esposo sigue esperando una respuesta concreta del Estado. Una situación que, lejos de ser aislada, refleja el abandono silencioso que padecen muchas familias rurales del departamento de Ñeembucú.