Los rumores de un golpe de Estado venían circulando con insistencia. En los cuarteles, en los pasillos del poder y en voz baja, pero cada vez menos disimulados. Sin embargo, el único que no los creyó fue el propio Alfredo Stroessner. El dictador, experto durante décadas en abortar conspiraciones, no vio venir la que finalmente lo derribó. Tenía 76 años, llevaba 35 en el poder y ya no pensaba con la misma lucidez.
La noche del 2 de febrero de 1989, conocida como la Noche de la Candelaria, marcó el principio del fin del stronismo.
¿Quiénes participaron del golpe y dónde estaba Stroessner?
La conspiración no nació esa noche. Su verdadero inicio fue el 1 de agosto de 1987, cuando una convención del Partido Colorado desplazó a los llamados “tradicionalistas”. Desde entonces, los expulsados del poder buscaron apoyo en las Fuerzas Armadas.
Entre los cabecillas se encontraban Andrés Rodríguez, comandante de la Caballería; dirigentes colorados como Juan Ramón Chaves, Luis María Argaña, Blas N. Riquelme, y disidentes históricos del régimen.
Mientras el golpe se gestaba, Stroessner seguía con su rutina. No suspendía partidas de naipes ni visitas personales. La noche del levantamiento no estaba en el Palacio de López, sino en la casa de su amante, Ñata Legal, donde fue sorprendido por un comando militar.
La orden fue clara: abrir fuego
En la noche del 2 de febrero, víspera del día de San Blas, feriado y jornada festiva en gran parte del país, comenzó el ataque militar.
Para las 21:20, el secretario privado de Stroessner, Mario Abdo Benítez, fue capturado en Ciudad Presidente Stroessner hoy Ciudad del Este.
Las fuerzas leales a Stroessner resistieron con fuego real. Tanques, tanquetas y ametralladoras tomaron Asunción. La ciudad quedó paralizada. Recién entonces el dictador entendió que los rumores eran ciertos.
La violencia dejó un oficial, un extranjero y cerca de veinte soldados muertos, además de importantes daños en instalaciones militares y policiales.
El plan: tomar el Estado en una sola noche
El vicealmirante Eduardo González tenía un objetivo estratégico preciso: copar la Policía, Investigaciones, el Palacio de Gobierno y los medios de comunicación.
El control de las armas y de la información era clave. La dictadura no podía sobrevivir sin mando militar ni relato oficial. Por eso, mientras se combatía en algunos puntos, en otros se avanzaba para neutralizar centros de poder.
Fue atacado el Palacio de López y se logró replegar a los soldados fieles al dictador que estaban en el Batallón Escolta. El general Brítez Borges, jefe de la Policía, tras horas de resistencia se rindió y lo llevaron hasta la Caballería.
La rendición: Oviedo entra en escena
Alrededor de las 23:00, el entonces coronel Lino César Oviedo ingresó al Comando en Jefe, donde se encontraba Stroessner, rodeado de generales leales pero desorientados.
Oviedo logró lo que nadie había conseguido en décadas: la rendición del dictador.
Ese episodio se convirtió en su principal capital político durante la transición democrática.
La proclama, la renuncia y el amanecer del 3 de febrero
A la medianoche del 3 de febrero, el general Andrés Rodríguez grabó por teléfono su proclama dirigida al pueblo paraguayo. Horas después fue transmitida.
Se informó la “renuncia” de Stroessner, se anunciaron los motivos de la destitución y, posteriormente, el llamado a elecciones democráticas.
Stroessner fue trasladado bajo custodia militar y días más tarde partió al exilio en Brasil.
El país despierta sin dictadura
La mañana del 3 de febrero, Asunción mostró las huellas del combate: sangre en el pavimento, rastros de cañonazos, edificios dañados. Pero también algo inédito: gente en las calles celebrando.
Marchas espontáneas, abrazos entre antiguos enemigos y un símbolo inolvidable: la sirena de ABC Color, clausurado durante cinco años, sonando más larga que nunca. No era solo una noticia. Era una celebración.
A 37 años de la caída del stronismo, el Paraguay sigue lidiando con las consecuencias de un régimen de terror y corrupción que se sostuvo por décadas, pero que se derrumbó en una sola noche.