La capital guaireña fue sede de la celebración de un doble cumpleaños poco común; las hermanas Guillermina y Dora Santos celebraron sus 100 y 98 años de vida, respectivamente, convertidas en símbolos de esfuerzo, vocación y compromiso con la familia y su comunidad. La celebración contó con 170 personas entre familiares e invitados.
Guillermina Santos, conocida cariñosamente como “Tía Niní”, nació el 10 de febrero de 1926 y se convirtió en la primera médica otorrinolaringóloga del Paraguay, abriendo camino en una época en la que la presencia femenina en la medicina era excepcional.
Su infancia transcurrió entre Yhaca-mí y Villarrica, en el seno de una familia numerosa, sencilla y trabajadora. Siempre destacó con orgullo sus raíces humildes, convencida de que “venir del campo no limita, fortalece”.
Siendo ya docente, se animó a soñar en grande: quería ser médica. Con el respaldo moral de su padre, aunque sin apoyo económico, viajó sola a Asunción para perseguir ese objetivo. En la capital trabajó sin descanso, enseñando en varios turnos para sostener sus estudios y muchas noches las pasó en la escuela o estudiando bajo la luz del velador.
Carrera médica
Finalmente, logró graduarse como médica cirujana y posteriormente se especializó en otorrinolaringología, convirtiéndose en la primera profesional del área en el país. Realizó trabajos científicos y fue socia fundadora de la Cooperativa Médica Coomecipar.
Prestó servicios en instituciones como Misión de Amistad, ARIFA, INPRO y lo que hoy es la Secretaría Nacional por los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad (Senadis).
Además de su carrera, formó una familia y es madre de dos hijas adoptivas. Sus allegados destacan que su casa siempre estuvo abierta para quien necesitara techo, consejo o compañía.
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Dora Santos
Por su parte, Dora Santos de Woitschach, la “Tía Dorita”, celebró 98 años de vida marcados por el trabajo silencioso, la firmeza de carácter y el compromiso con su familia.
Nació en Caballero, entonces compañía de Acahay, y siendo niña se trasladó a Villarrica, donde creció entre Yhaca-mí y la casa familiar cercana al Mercado Municipal N.º 2.
Inició estudios en la Escuela Normal para ser docente, aunque luego optó por el bachillerato humanístico en el Colegio Nacional de Villarrica. Sin embargo, los tiempos de inestabilidad política y la revolución truncaron su formación formal.
En 1948 se trasladó a Encarnación, donde conoció a quien sería su esposo, Guillermo Woitschach. Se casaron en 1950 y formaron una familia con cinco hijos.
La persecución política que sufrió su marido obligó a la familia a dejar Encarnación y radicarse en Asunción. Dora llegó a la capital prácticamente con lo puesto, decidida a empezar de nuevo.
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En el barrio Herrera echó raíces definitivas hace más de 65 años. Allí se integró activamente a comisiones de padres, fue parte de la comisión fundadora del Colegio San Martín y colaboró en la apertura de otras instituciones educativas.
Se capacitó en corte y confección y llegó a desempeñarse como profesora de arte elemental. Junto a su esposo impulsó el crecimiento de la carpintería y mueblería familiar, participando también como dirigente en la cooperativa del barrio.
Hasta hoy, sus familiares la describen como gerente, administradora y guía del emprendimiento familiar, ejemplo de constancia y visión.
Durante el festejo, ambas hermanas coincidieron en que el secreto para alcanzar una vida tan larga radica en la plenitud, la fe en Dios y la decisión de vivir de manera sana y coherente con los propios valores.