La salud renal se posiciona este año en el centro de la agenda sanitaria global. Al cumplirse dos décadas de la iniciativa impulsada por la Sociedad Internacional de Nefrología, el lema “Salud Renal para Todos: Cuidando a las Personas, Protegiendo el Planeta” vincula por primera vez el bienestar del paciente con la sostenibilidad.
La clave es simple: prevenir la enfermedad evita tratamientos como la hemodiálisis, que consumen ingentes recursos de agua y energía.
Actualmente, más de 850 millones de personas conviven con enfermedad renal crónica (ERC) en el mundo. Aunque hoy ocupa el 12º lugar en causas de muerte, las proyecciones son alarmantes. Para el 2040, podría ser la quinta causa de mortalidad global.
El gran obstáculo es su naturaleza asintomática. “Muchas personas no saben que la tienen hasta etapas avanzadas”, advierte la Dra. Natalia Wasmuth, presidenta de la Sociedad Paraguaya de Nefrología.
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“Sin embargo, con simples análisis de sangre y orina es posible detectarla a tiempo y prevenir complicaciones graves”, agrega la profesional.
A los factores de riesgo conocidos, diabetes, hipertensión y obesidad, se suma ahora un enemigo emergente: el cambio climático. El calor extremo y la deshidratación crónica están provocando daños renales en poblaciones vulnerables y trabajadores expuestos a altas temperaturas.
Paraguay: un desafío en aumento
En el ámbito local, la situación es crítica. Paraguay registra actualmente 3.422 pacientes en terapia de reemplazo renal. El Instituto Nacional de Nefrología absorbe a la gran mayoría de quienes requieren diálisis, distribuidos en 37 centros a lo largo del país.
Ante este panorama, la reciente resolución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la primera en la historia dedicada exclusivamente al riñón, marca un hito. El organismo insta a los gobiernos a elevar la salud renal como una prioridad nacional, enfocándose en la detección precoz.
La conclusión de los especialistas es unánime. La prevención es una responsabilidad compartida. Un diagnóstico temprano marca la diferencia entre una vida plena y la dependencia de un trasplante o una máquina de diálisis.
“La enfermedad es silenciosa, pero no invisible”, sentencia Wasmuth.