Era un martes 23 de marzo de 1999. Las noticias comenzaban a reportar poco antes de las nueve de la mañana que una camioneta fue emboscada a balazos sobre la calle Diagonal Molas. En su interior estaba el vicepresidente de la Nación, Luis María Argaña, quien acusó por lo menos 10 impactos de bala. En el atentado murió también el suboficial Francisco Barrios González, custodio personal de Argaña; mientras que el chofer Víctor Barrios Rey resultó herido, pero sobrevivió.
La crónica señala que la camioneta Nissan Patrol en la que se desplazaban estas tres personas fue interceptada por un automóvil Fiat Tempra del que descendieron tres personas con atuendos militares y armadas con fusiles, ametralladoras y escopetas. Tras la lluvia de balas, los sicarios arrojaron una granada que no explotó y posteriormente dos de ellos volvieron a subir al Tempra, mientras otro abordó un Volkswagen tipo Gol que los escoltaba.
La sociedad estaba atónita. Un vicepresidente había sido asesinado en plena calle y dentro de la clase política comenzaban las acusaciones cruzadas: el Parlamento responsabilizó al Ejecutivo, mientras que el Partido Colorado pidió la renuncia del presidente Raúl Cubas Grau y acusó del hecho a Lino César Oviedo. En las calles, mientras tanto, se empezaba a gestar una protesta espontánea que pronto se volvió multitudinaria.
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Era marzo, recordemos; los campesinos que año tras año traían a Asunción las reivindicaciones del campo, se acoplaron a la concentración ciudadana que crecía en el corazón de la capital y reunía a militantes del argañismo, así como activistas gremiales y jóvenes de distintas corrientes políticas y sociales.
La Cámara de Diputados convocó a una sesión de urgencia y en medio de incidentes aprobó la resolución por la cual acusó formalmente al presidente Raúl Cubas ante la Cámara de Senadores con el fin de instaurar el juicio político. Asimismo, el gobierno de Cubas ordenó el arresto de Lino Oviedo, pero no por el magnicidio, sino por una condena a 10 años que pesaba en su contra por un intento de golpe en 1996.
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En las calles se desataban las primeras refriegas entre manifestantes y policías. Las plazas cercanas al Congreso y las inmediaciones del Palacio de López eran escenario de una violenta y feroz represión que dejó decenas de heridos en una especie de preludio de lo que sucedería esa misma semana.
Los mayores enfrentamientos se produjeron entre el viernes 26 y la madrugada del sábado 27 de marzo. El resultado fue siete muertos y centenares de heridos. Los reconocidos “Héroes de la democracia paraguaya” que fallecieron en esa manifestación fueron: Manfred Stark González, José Miguel Zarza Caballero, Víctor Hugo Molas Gini, Armando Daniel Espinoza Cardozo, Henry Daniel Díaz Bernal, Cristóbal Espínola Cardozo y Tomás Rojas.
En el Congreso proseguía el enjuiciamiento de Raúl Cubas, quien frente a una inminente destitución, presentó su renuncia al cargo el domingo 28 de marzo. Se dispuso la libertad de Lino Oviedo, quien se refugió en Argentina y el presidente del Congreso, Luis Ángel González Macchi, recibió la banda presidencial para gobernar el país hasta el 2003.
Si bien la salida de Cubas generó una alegría común en la Plaza de Armas, donde familias enteras celebraron el inicio de una nueva era, lo que vino después fue una sociedad dividida y marcada por controversias en torno al magnicidio de Argaña y su trasfondo.
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