La Semana Santa se vivió con fervor y devoción en la parroquia Domingo Savio, de la mano del grupo Crisma y la Policía Nacional. Una impecable actuación, realizada por casi 100 actores, marcó el Viernes Santo. El recorrido comenzó a las 14:00 puntualmente.
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En la primera estación, Jesús es juzgado, humillado y azotado para ser entregado a cambio de la libertad de un famoso criminal, Barrabás. En la segunda estación, Jesús fue obligado a cargar la cruz.
Los cadetes de la Policía Nacional, quienes interpretaron a los soldados romanos, desplegaron dentro de la sede de la parroquia cadenas humanas para contener al público, mientras que la Policía Montada abría paso para que Jesús continuara su camino.
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En la tercera estación, Jesús cae por primera vez. En la cuarta estación, es consolado por su madre, quien acarició su rostro y tomó su cruz para intentar aliviar el dolor de su amado hijo.
En la quinta estación, los soldados toman a Simón de Cirene para que ayude a Jesús. Al principio se resistió a llevar la cruz, pero luego, tras una profunda mirada del Creador, entendió el dolor que llevaba a cuestas Jesús y lo contuvo.
En la sexta estación, Jesús es recibido por la Verónica, un personaje bíblico que resalta el profundo aprecio que sintió por él, quien estaba con el rostro desfigurado y tumefacto, con golpes en todo el cuerpo y que, a pesar de todo, seguía caminando encorvado.
Con su corona de espinas sobre la cabeza y empapado de sangre, la Verónica detuvo su marcha para llevar la marca de su rostro en un pedazo de tela, que sirvió para secar la sangre que corría por su rostro.
Jesús cae por segunda vez en la séptima estación, acompañado de Simón. Más adelante, en la octava estación, unas mujeres fueron a llorar a sus pies. Jesús las consoló y pidió que fueran fuertes. Jesús cae por tercera vez en la novena estación.
Fue llevado por los soldados hasta el lugar donde fue crucificado; antes, en la décima estación, fue despojado. Allí fue nuevamente humillado: escupieron en su rostro, se sortearon su ropa y fue clavado en la cruz en la undécima estación.
Murió a las 15:00 en la duodécima estación, como se recuerda en la tradición. En la decimotercera, Jesús es bajado de la cruz y, finalmente, fue llevado al sepulcro en la decimocuarta estación, donde descansa a la espera de la resurrección del Domingo de Pascua.