El Tigre: ahora el capataz es quien afrontará juicio

Un letrero con la denominación de la estancia "El Tigre", que era utilizada para la descarga, acopio y redistribución de drogas.Gentileza

La jueza Rosarito Montanía resolvió elevar a juicio oral y público la causa conocida como estancia El Tigre, pero en relación al capataz del lugar Osvaldo Pereira Fernández. La Fiscalía lo sindica de cometer, junto con otras seis personas ya condenadas, actos relacionados al tráfico de drogas.

Se trata de Osvaldo Pereira Fernández (36 años), alias Moreno, quien se desempeñaba como capataz de la estancia El Tigre, ubicada en la localidad de Agua Dulce, distrito de Bahía Negra del departamento de Alto Paraguay, deberá afrontar juicio oral y público. Así lo resolvió la jueza penal de garantías Especializada en Crimen Organizado Rosarito Montanía, a través del Auto Interlocutorio (AI) N° 70.

El Ministerio Público, representado en la oportunidad de realizarse la audiencia preliminar, estuvo representado por la fiscala antidrogas Ingrid Cubilla, quien ratificó la acusación por los hechos punibles de tráfico internacional de drogas (artículos 21 y 26), asociación criminal (art. 42) y comercialización de estupefacientes (art. 44), por la Ley N° 1.340/88 y su modificatoria Ley N° 1.881/02, en calidad de coautoría.

Igualmente, la magistrada dispuso el mantenimiento de la medida cautelar de prisión preventiva para Osvaldo Pereira, quien viene cumpliendo la misma desde el 29 de enero de 2025, en la Penitenciaría Regional de Concepción, de acuerdo con lo que se señala en el AI N° 70.

La jueza Montanía también determinó que sigan vigentes las medidas de carácter real, como la de inhibición general de enajenar y gravar bienes muebles, inmuebles o semovientes, que estén registrados a nombre del acusados y enjuiciable Osvaldo Pereira.

Osvaldo Pereira estuvo en rebeldía desde el 2021, cuando fue allanada la estancia El Tigre y se incautaron 1.375,4 kilogramos de cocaína y barriles de acetato de etilo, precursor para su refinamiento. Fue detenido en el barrio Itacurubí de Concepción el 27 de enero de 2025. En su poder tenía una camioneta Kia Sportage, registrada a nombre de Gustavo Silvestre Núñez Báez.

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Acusado coordinaba acopio en El Tigre, según Fiscalía

De acuerdo con la acusación fiscal, Osvaldo Pereira fue miembro de una estructura criminal que se dedicó al tráfico ilícito de sustancias estupefacientes en la zona del Chaco paraguayo. Este grupo estuvo liderado por el hoy condenado Waldimiro Ymas.

De la estructura encabezada por Ymas, también formaron parte los otros acusados y condenados Édgar Cantero, Terecio López, Pablo Robles, Albino Núñez y Porfirio Osorio.

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El Ministerio Público, en juicio a Ymas, probó que en la estancia El Tigre funcionaron, hasta el 24 de febrero de 2021, de manera clandestina dos pistas de aterrizaje no autorizadas, las cuales eran utilizadas para la recepción de cargamentos de cocaína, provenientes de Perú, pero ingresaban vía aérea desde Bolivia.

Desde la citada estancia, los integrantes de la estructura criminal volvían a redistribuir vía aérea o terrestre a diversos puntos del país, según la organización dueña de las cargas, así las que iban a Pedro Juan Caballero eran destinadas luego al Brasil; y las que iban a Asunción se enviaban a Europa.

En ese contexto, la fiscala Ingrid Cubilla sostuvo que Osvaldo Pereira Fernández cumplía el rol de “mano derecha” de Waldimiro Ymas, con quien mantuvo comunicaciones telefónicas entre el 31 de octubre de 2020, hasta la fecha 23 de febrero del 2021.

Pereira también mantenía frecuencia en comunicaciones con Edgar Cantero.

Es en base a las comunicaciones que la Fiscalía señala que estas “evidencian la función de coordinación operativa desempeñada por Osvaldo Pereira dentro de la estructura criminal investigada, las cuales incluía tareas de encargado del acopio, procesamiento y distribución de las sustancias ilícitas, en el Establecimiento denominado estancia El Tigre”.

Policías Contra el Crimen Organizado y de Antinarcóticos presentaban las bolsas de arpillera, cargadas con cocaína, halladas a un costado de una pista clandestina.

Seis ya están condenados en el caso El Tigre

El 21 de mayo de 2025, el Tribunal de Sentencia Especializado en Crimen Organizado, presidido por la jueza María Luz Martínez e integrado por Dina Marchuk y David Federico Martínez, dictó sentencia y condenó a los acusados en el caso conocido como estancia El Tigre.

Así, el principal acusado, Waldemiro Ymas González, hermano del exfiscal y exjuez Blas Imas, recibió una pena de 18 años de cárcel; otro procesado, Édgar Cantero Martínez, recibió 16 años de prisión; mientras que Teresio López, recibió 14 años de privación de libertad.

Igualmente, fueron condenados, a 10 años de prisión, Porfirio Osorio y Albino Núñez; Pablo Robles, también a 10 años de cárcel. Por otro lado, Porfirio Chávez, fue absuelto.

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.La fiscala Ingrid Cubilla exponiendo su réplica a los alegatos de las defensas, ante el Tribunal de Sentencia.

Intervención e incautación de cocaína

Los antecedentes del caso señalan que mediante técnicas especiales de investigación, específicamente interceptación de llamadas telefónicas de los teléfonos de los acusados, permitieron que a las 12:30 del 24 de febrero de 2021, sea allanada por orden de la jueza penal de garantías Rosarito Montania, y ejecución por parte del fiscal Andrés Arriola, de la Unidad Especializada en Lucha contra el Narcotráfico de Boquerón y Alto Paraguay, la estancia “El Tigre”, de Agua Dulce, en el Chaco.

El operativo contó con el acompañado de policías de la Unidad Especial de Inteligencia Sensible Antinarcóticos y Hechos Punibles conexos (SIU), así también del Departamento de Antinarcóticos de la Policía.

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En el establecimiento rural se hallaron en total 1.375,4 kilogramos de cocaína, los cuales estaban distribuidos en 30 bolsas de plastilleras de color verde. Esta carga estaba acopiada a unos 1.000 metros de la cabecera norte de una pista, cuya extensión era de 1.200 metros y 40 metros de ancho. Así como otras 12 bolsas de plastilleras de color azul, en una picada interna.

Igualmente, en dicha pista clandestina se incautó la aeronave boliviana Beechcraft Baron con matrícula CP-3141, siniestrada a causa del alto matorral en el lugar.

También se encontraron 34 tambores de color azul, con etiquetas de acetato de etilo, precursor usado para el procesamiento de cocaína, armas de fuego cortas y largas, y celulares dentro de una vivienda de material cocido.

La carga de droga que se incautó en el lugar y que alcanzó un peso de 1.374,4 kilos de cocaína.

Condenado administró unas 8.000 hectáreas

Según consideró probado el Ministerio Público durante la presentación de sus alegatos en juicio, la estancia “El Tigre” fue adjudicada primeramente por el Instituto de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), en venta a Benito Giménez, quien posteriormente otorgó poder general para la administración a Waldemiro Ymas, el 30 de setiembre de 2019. Sin embargo, el que supuestamente ostentaba la posesión era Jarvis Chimenes Pavão.

En ese entonces, Ymas que ya era administrador de la estancia “El Tigre” y, con este cargo, siempre según lo expuesto por la Fiscalía, proveyó a la organización el establecimiento en cuestión, situado al límite con Bolivia, y que contaba con dos pistas clandestinas.

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Como administrador, Ymas era quien autorizaba cualquier ingreso y también debía ser informado permanentemente por los demás miembros. A cambio de todo esto y, dada la posición decisiva que ocupaba, recibía remuneración económica por el uso de las pistas no autorizadas para el descenso de aeronaves que descargaban sustancias estupefacientes.

Según lo elementos documentales recolectados por la Fiscalía en la etapa preparatoria y reproducidos en juicio, Waldimiro Ymas no solo arrendaba el lote 68 sino también del lote 65, ambos de 3.999 hectáreas, es decir, que para el 8 de mayo de 2020, Ymas ya tenía tenía control sobre 7.998 hectáreas en la zona.

Vista aérea de un sector de la estancia El Tigre, que ahora se comprobó que todavía pertenece al Estado.

Familia y ganado, de fachada para operar en “El Tigre”

En relación con los demás acusados como presuntos miembros de este esquema narcotraficante, se tiene que Porfirio Osorio Villagra, suegro de Waldemiro Ymas, era quien quedaba a cargo del establecimiento en ausencia de su yerno. De hecho, el mismo fue quien recibió a la comitiva fiscal el 24 de febrero de 2021, cuando se realizó la intervención.

El otro acusado, Édgar Cantero Martínez, por su parte es considerado como operador logístico de alta relevancia para el grupo, pues era quien coordinaba los horarios de aterrizaje de los aviones que traían la sustancia y los vuelos con los pilotos bolivianos.

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Sobre Pablo Robles, Albino Núñez Peralta y Porfirio Chávez, la fiscala Ingrid Cubilla resaltó que eran empleados del lugar y fueron detenidos en flagrancia en plena tarea de acopio y custodia de una carga recién llegada y que, en el operativo fue incautada. Los dos primeros solían ocultar las cargas en zonas boscosas.

Sobre el acusado Porfirio Chávez, los datos recabados señalan que estaba relacionado a otro procesado, Teresio López, quien tenía un establecimiento rural en el distrito de San Alfredo, Concepción, donde trabajaba Chávez. Además, Teresio aparece ligado a “El Tigre” como arrendatario de un lote para animal vacuno, esto para disimular la verdadera actividad, que era el tráfico de sustancias.

Una aeronave, dañada, fue abandonada al costado de la pista clandestina y hallada por la policía.

“Donde otros vieron monte, ellos vieron una ruta: la ruta de la droga”, dice MP

En otro momento de la presentación de sus alegatos finales, la fiscala Ingrid Cubilla subrayó que “en la causa quedó demostrado que la organización criminal eligió y operó desde la estancia ‘El Tigre’ como centro de operaciones para la recepción de sustancias estupefacientes, así como para el acopio, y posterior remisión o distribución a otros puntos del país”.

Luego describió que el lugar en el que está ubicado el establecimiento es Agua Dulce, en el departamento de Alto Paraguay, zona limítrofe con el Estado Plurinacional de Bolivia. En este sentido señaló: “donde otros vieron monte, ellos vieron una ruta: la ruta de la droga”.

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Posteriormente, manifestó que la estancia fue utilizada como un punto intermedio para el tráfico de estupefacientes, pues en ocasiones anteriores al procedimiento, a través del registro de imágenes, además de las declaraciones de los intervinientes, se constató que se trata de una zona despoblada, con presencia de grandes arbustos que facilitan la actividad clandestina.

A todo lo señalado, se sumó la falta de control por parte de autoridades en la zona. Condiciones codiciadas por cualquier organización criminal.

Pistas clandestinas tenían alto tráfico de aeronaves

Igualmente, durante las jornadas de juicio quedó expuesta la existencia de dos pistas, no autorizadas, a través de la reproducción de videos, en los que además se constató que las mismas eran aptas para su uso, tanto para el arribo y despegue de aeronaves, según señaló la fiscal.

Solo una de las pistas del establecimiento estaba a 10 kilómetros del casco principal y constaba de 1.200 metros de largo por 40 metros de ancho. En esta se encontró una aeronave Beechcraft Baron bimotor con matrícula boliviana CP3141. Sobre esta nave, la Dirección de Aeronáutica Civil (DINAC) informó el 13 y 14 de abril de 2021 que en esta zona del país “no existe registrada ninguna pista de aterrizaje habilitada por la DINAC”.

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En cuanto a la aeronave hallada, el 20 de abril de 2021 la Dinac informó a la Fiscalía que “no se ha expedido el permiso más arriba mencionado a la aeronave Tipo: Baron-Bimotor, matrícula CP-3141 [...] No puede expedir plan de vuelo”.

Mediante cooperación internacional, el Ministerio Público pudo contar con el dato de que el avión con matrícula CP3141 voló por última vez el 17 de febrero de 2021, despegando a las 18:39 y arribó a la pista de “El Tigre” a las 20:27”. Esto se pudo corroborar mediante una llamada interceptada entre Édgar Cantero y Osvaldo Pereira, este último ya capturado y procesado.

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En relación con las pistas con la que contaba la estancia, un analista de la Policía Nacional detalló en juicio que, “la frecuencia de la aeronaves que llegaban al establecimiento era de tal magnitud que, ‘era una suerte de aeropuerto’, un aeropuerto para el tráfico”.

Así también, “esa frecuencia así como la utilización no solo se desprende de la reproducción de audios sino de los caminos que llegaban a estas pistas, ‘caminos formados por pisadas humanas’, esas huellas que no eran senderos del azar sino huellas del delito, las mismas huellas que guiaron a la casa precaria localizada así como a los tambores que contenían acetato de etilo”.

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