Caacupé: obispo llama a vencer la angustia y advierte sobre una sociedad centrada en el egoísmo

Monseñor Ricardo Valenzuela instó a vencer la angustia y advirtió sobre una sociedad que está centrada en el egoísmo.

El obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, llamó a vencer la angustia poniendo a Jesús en el centro de la vida durante la misa dominical de las 07:00 en la Basílica de Caacupé. Cuestionó los modelos actuales que promueven el egoísmo y resaltó la necesidad de recuperar la fe y valores como la solidaridad, la humildad y el servicio.

Al reflexionar sobre el Evangelio que recuerda las palabras de despedida de Jesús a sus discípulos antes de su pasión, monseñor Ricardo Valenzuela citó el mandato: “No se inquiete, no se turbe su corazón”.

Explicó que se trata de una invitación a no dejarse dominar por la ansiedad, el miedo y la angustia, sentimientos que, según indicó, también están presentes en una sociedad golpeada por la incertidumbre.

Señaló que estas emociones se intensifican cuando las personas se sienten solas o sin rumbo, en contextos donde muchas veces priman intereses personales por encima del bien común. “No vamos a superar solos”, advirtió.

Subrayó la necesidad de apoyarse en la fe y en una comunidad más humana. Valenzuela afirmó que confiar en Jesús implica no apoyarse únicamente en las propias fuerzas, sino dar un “salto” de fe.

“La liberación del turbamiento pasa por la confianza”, indicó.

Señaló que ese camino contrasta con “los caminos de la mundanidad”, que describió como aquellos marcados por el poder egoísta, la soberbia y la autoafirmación.

Como cada domingo, se registró una importante concurrencia en la explanada de la Basílica de Caacupé.

Cultura que prioriza el protagonismo

En ese contexto, cuestionó con firmeza una cultura que prioriza el protagonismo personal y el éxito individual por encima del servicio a los demás. Advirtió que ese modelo termina debilitando los vínculos humanos y vaciando de sentido la vida comunitaria.

“No es el camino de mi protagonismo, es el camino de Jesús”, remarcó.

Invitó a los fieles a replantearse sus prioridades y dar importancia a valores como la entrega, la humildad y la solidaridad.

Asimismo, exhortó a vivir el perdón como una actitud concreta y cotidiana. En este pasaje recordó la parábola del hijo pródigo como ejemplo del amor misericordioso que restaura y da nuevas oportunidades.

En esa línea, señaló que el perdón tiene un poder transformador mucho mayor que el resentimiento, ya que permite sanar heridas y reconstruir relaciones.

La realidad social que actual, según afirmó, está marcada por crecientes divisiones, enfrentamientos y falta de diálogo, por lo que insistió en la necesidad de apostar por la reconciliación, el entendimiento y la construcción de una sociedad más fraterna.

Finalmente, mencionó ejemplos de San Esteban y el del “Buen ladrón”, quienes confiaron en Jesús incluso en momentos extremos.

Concluyó con un mensaje de esperanza: que nadie se excluya “del abrazo del Padre” y que todos puedan aspirar a una vida plena.

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