Ubicada en una zona estratégica de la capital, sobre las avenidas Mariscal López y Sacramento, la plaza Manuel Ortiz Guerrero y José Asunción Flores fue inaugurada en 1948 y en ese momento solo llevó el nombre del poeta guaireño. En 1972, tras el fallecimiento del músico en el exilio, su nombre también fue anexado, uniendo para siempre a los dos creadores del que hoy es patrimonio cultural inmaterial de nuestro país: la guarania.
A esto hay que sumar que desde principios de los noventa, los restos repatriados de Flores fueron depositados en ese lugar bajo una lápida de mármol que reza: “Aquí, junto al rumor leve del Mburicaó, descansa y sueña guaranias José Asunción Flores”.
Hoy, ese rumor leve del arroyo no invita a descansar a nadie, sino a desviar el camino. La oscuridad es dueña del espacio hasta que ingresan los primeros rayos del sol por la mañana, pero en una ciudad que se moviliza desde temprano, la oscuridad es un problema para trabajadores que transitan por sus inmediaciones.
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Plaza oscura, un peligro para transeúntes
Cruzar la plaza en lugar de rodearla acorta tiempo, pero implica el riesgo de sufrir un asalto. A esa situación quedan expuestos muchos ciudadanos, asuncenos y no, que deberían poder caminar por la capital de su país sin que su vida peligre constantemente.
“Tenés que esperar acá a que amanezca, que tenga un poquito de luz para poder cruzar por ese pasillo. Me parece que no corresponde (…) La lógica te dice que no podés entrar ahí, nuestra situación es deprimente, la situación en que vivimos día a día no hay seguridad”, se quejó una mujer mientras esperaba colectivo en una parada apostada sobre la Avenida Mariscal López.
“Deberían de hacer algo porque esta plaza es muy concurrida por gente de la zona y tendrían que ver”, dijo otro que tras descender de un colectivo debía completar a pie el tramo hasta su lugar de trabajo.
Iluminada solo en fechas especiales
Cuando se acerca el 27 de agosto, día en que se celebra a la Guarania, la comuna se apresta a adecuar el lugar para el festejo, pero el resto del año el panorama se torna sombrío, según contó otro de los entrevistados por ABC.
“Muy pocas veces está iluminado; a veces, cuando suele haber acá un evento, ahí se ilumina todo por una semana y después ya nada que ver y conste que hay muchos alumbrados públicos que se pueden prender”, dijo.
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