El “padre espiritual” de la Juventud Colorada

El fallecido Mario Abdo Benítez ejercía gran poder sobre los jóvenes, que lo bautizaron “padre espiritual de la juventud”. Un periodista que cubrió Presidencia en el stronismo recuerda anécdotas de uno de los hombres más poderosos de la dictadura.

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“Leal, obsecuente y fiel”. Así define a Mario Abdo Benítez el periodista Tito Soto, quien durante varios años cubrió el área de Presidencia durante el régimen stronista. El que fuera integrante del temible Cuatrinomio de Oro y exsecretario privado del general Alfredo Stroessner falleció este martes a los 89 años luego de una larga enfermedad.

A pesar de su fama de tener “pocas luces”, Mario Abdo era el brazo derecho del dictador. Ejercía una especial influencia en los jóvenes del Partido Colorado, que diariamente desfilaban por el Palacio de López en busca de algún cargo que le era gestionado por el “padrino”.

“Los jóvenes colorados de aquella época lo bautizaron como “Padre Espiritual de la Juventud Colorada”, recuerda Soto. El Centro de Jóvenes Colorados era un grupo formado por estudiantes de la mayoría de las facultades de la Universidad Nacional. Era la forma de extender los tentáculos del poder absoluto de Stroessner al estamento estudiantil.

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“Así es que manejaba los centros de estudiantes. Las únicas facultades de la UNA que no podía dominar eran las de Medicina e Ingeniería, así como la Universidad Católica”, agrega el periodista, hoy ya jubilado.

Una de las grandes interrogantes de la época fue cómo hizo Mario Abdo para convertirse en secretario privado de Stroessner, teniendo en cuenta su fama de poca preparación. Soto relata que se comentaba que el cargo fue una retribución del general, puesto que mantenía una amistad con Abdo desde su juventud y este le había hecho un favor durante sus años mozos.

El periodista recuerda que durante el régimen, los trabajadores de prensa tenían casi nulo contacto con las autoridades, a diferencia de como es hoy. “Mario Abdo era un señor amable, pero su contacto con los periodistas no iba más allá del saludo”.

Cuenta la leyenda que el general Alfredo Stroessner siempre recomendaba a sus colaboradores más cercanos cruzar la frontera en caso de un golpe de Estado o revolución. “Una de las anécdotas jocosas más difundidas dice que en la noche del 2 de febrero de 1989, Mario Abdo estaba cenando en Foz de Iguazú. Se enteró del golpe y cruzó la frontera, como mandó el general. Lo detuvieron en Ciudad del Este”, rememora Soto.

Otro de los chistes que se le atribuyen tiene que ver con un sobre. “A menudo le pedía a su secretario que le consiga sobres redondos. El secretario, desesperado, hacía malabares para conseguir los sobres con forma de círculo. Un día, cansado de lo que para él era una excentricidad, le pregunta: “Don Mario, disculpe, ¿para qué quiere los sobres redondos?”- A lo que Mario Abdo responde indignado: “Mi hijo, ¿para qué va ser? ¡Para enviar las circulares!”.

Se decían muchas cosas de él y el imaginario popular llegó a adaptar hasta chistes gallegos al exsecretario de Stroessner.

Mario Abdo Benítez formaba parte del Cuatrinomio de Oro o “Cuatridemonio de Oro”, como lo bautizó la gente, junto a Sabino Augusto Montanaro, Adán Godoy y Eugenio Jacquet. Los dos últimos son los que siguen con vida.

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