EE.UU.: la oportunidad de US$ 2.000 millones para Paraguay

Elías Saba, presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Americana (AmCham).Marko Nara - Fotografia - www.ko

El comercio bilateral entre Paraguay y Estados Unidos ya supera los US$ 1.500 millones y las exportaciones paraguayas rebasaron los US$ 500 millones en 2025, con tendencia al alza durante 2026. Para Elías Saba, presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Americana (AmCham), la meta es clara: superar los US$ 2.000 millones en el mediano plazo y dejar de depender solo de materias primas.

En el año en que Estados Unidos celebra el 250° aniversario de su independencia, la relación económica con Paraguay atraviesa uno de sus momentos de mayor dinamismo. Para Saba, el contexto representa una oportunidad histórica para consolidar un nuevo perfil exportador, basado en industrialización, innovación tecnológica y atracción de inversiones estratégicas.

Una oportunidad histórica

Saba resume el momento con una definición contundente: la relación con Estados Unidos representa “la mayor oportunidad histórica de acelerar el desarrollo económico y comercial” de Paraguay. “Queremos que Paraguay deje de ser solamente un proveedor de materias primas tradicionales y se convierta en un socio estratégico en sectores de mayor valor agregado como tecnología, servicios globales, energía limpia y manufacturas industriales”, señala a ABC Negocios.

El mejor momento del comercio bilateral

El intercambio comercial entre ambos países atraviesa, según Saba, su mayor nivel histórico. El principal impulso vino de la apertura del mercado estadounidense a la carne paraguaya, aunque para Saba eso es apenas el inicio. “La apertura de la carne demuestra que Paraguay puede cumplir los estándares sanitarios más exigentes del mundo. Cuando un producto logra ingresar a Estados Unidos también fortalece su posicionamiento frente a otros mercados internacionales”, afirma.

Dentro del Plan Paraguay 2x, AmCham identifica oportunidades en alimentos procesados, cables eléctricos, manufacturas tecnológicas, madera industrializada y textiles técnicos. Si se concretan, Paraguay podría sumar unos US$ 670 millones adicionales en exportaciones hacia Estados Unidos en la próxima década, superando los US$ 1.000 millones hacia 2035, prácticamente el doble del nivel actual.

“Cumplir con las exigencias de calidad y sanidad de Estados Unidos abre las puertas hacia otros mercados de alto valor”, sostiene.

Energía y tecnología, el nuevo imán

El principal motor de la nueva relación bilateral, dice Saba, está en la transición energética y el desarrollo tecnológico. Observa un creciente interés de empresas estadounidenses en energía renovable, uranio, movilidad eléctrica, biocombustibles avanzados y centros de datos de gran escala.

Paraguay combina ventajas difíciles de encontrar juntas en otros mercados: excedente de energía limpia, estabilidad macroeconómica, baja carga tributaria, población joven y previsibilidad fiscal. Esa combinación resulta especialmente atractiva para industrias intensivas en energía y servicios tecnológicos.

AmCham ya lo puso en acción: en junio, la Cámara llevó una comitiva a Silicon Valley para posicionar a Paraguay como hub de inteligencia artificial, centros de datos e infraestructura digital ante inversores y empresas como Snowflake y Plug and Play.

“No basta con ofrecer energía. También necesitamos infraestructura digital, conectividad, profesionales altamente capacitados y planes concretos de desarrollo”, sostiene Saba, quien insiste en acelerar la formación técnica avanzada del capital humano paraguayo.

Los pendientes: seguridad jurídica y logística

El escenario es favorable, pero Saba reconoce obstáculos para captar inversiones de gran escala. El primero es la seguridad jurídica: las multinacionales estadounidenses deciden en función del retorno ajustado al riesgo, y la calidad institucional pesa.

“La previsibilidad jurídica, el fortalecimiento institucional y la reducción de la burocracia siguen siendo tareas urgentes”, sostiene.

También propone acelerar la digitalización de los procesos públicos para agilizar el comercio exterior. “El inversor necesita reglas claras y estabilidad. El capital busca previsibilidad”.

A esto se suma la reorganización global de las cadenas de suministro: el nearshoring y el friendshoring ya son decisiones estratégicas de las corporaciones estadounidenses, que buscan producir en países aliados con menor riesgo geopolítico. Paraguay reúne condiciones para manufacturas livianas y ensamblaje regional. “No alcanza con ser competitivos en costos. Debemos garantizar rapidez logística, calidad constante y relaciones comerciales sostenibles”, enfatiza.

El verdadero objetivo: más pymes exportando

Llegar a un comercio bilateral de US$ 2.000 millones es una meta de mediano plazo, pero Saba insiste en que esa cifra, por sí sola, no basta para medir el éxito.

El indicador que le importa es otro: cuántas pequeñas y medianas empresas paraguayas logran incorporarse por primera vez a las cadenas de valor estadounidenses, y cuánto crecen los sectores exportadores no tradicionales.

“No queremos que solamente exporten más las grandes empresas. El objetivo es que muchas más compañías paraguayas puedan vender por primera vez al mercado estadounidense”, explica. Ese proceso, agrega, diversificaría la economía, generaría empleos mejor remunerados y ampliaría la base exportadora del país.

Paraguay en el radar de los inversores

Saba reconoce que muchos empresarios paraguayos aún ven a Estados Unidos como un mercado lejano o complejo, pero cree que esa percepción cambia rápido: una vez que una empresa se adapta a las exigencias estadounidenses, gana una ventaja competitiva de largo plazo.

“El esfuerzo inicial para cumplir los estándares se compensa ampliamente con estabilidad, volumen y oportunidades de crecimiento”, asegura.

Para Saba, Paraguay todavía necesita más promoción internacional para entrar en el radar de los grandes inversores estadounidenses, pese a reunir atributos muy valorados hoy: población joven y digitalizada, energía 100% limpia, baja carga tributaria y una actitud favorable a la inversión extranjera. “Paraguay es probablemente el secreto mejor guardado de América Latina”, afirma.

A su criterio, el país tiene condiciones para convertirse en un centro regional de inversión y producción, tanto para el Mercosur como para otros mercados. Con el comercio bilateral en niveles récord y nuevas oportunidades abiertas por la transición energética y la relocalización industrial, considera que la próxima década puede marcar un cambio estructural en la relación económica entre Paraguay y Estados Unidos, siempre que el país fortalezca su institucionalidad, invierta en talento y convierta ese potencial en inversiones concretas.

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