El modelo de negocio que lleva agua potable donde la red no llega

Para Paraguay, la oportunidad no pasa necesariamente por importar un equipo extranjero, sino por preguntarse cuánto espacio existe para que una empresa desarrolle o adapte soluciones de ese tipo con financiamiento público, cooperación internacional o inversión privada.

Una emprendedora brasileña convirtió una tecnología pensada para comunidades sin acceso a agua potable en una empresa que hoy cobra por proyectos financiados por empresas y gobiernos. El modelo, presentado la semana pasada en el Startup Summit de Florianópolis, ofrece pistas para un desafío que Paraguay conoce de memoria, y es cómo cerrar la brecha del agua ahí donde el sistema no llega.

Anna Luísa Beserra tenía 15 años cuando empezó a trabajar sobre un problema que conocía de cerca en el nordeste brasileño: muchas familias almacenaban agua de lluvia en cisternas, pero disponer del recurso no significaba que estuviera en condiciones seguras para beber. Su respuesta fue Aqualuz, un sistema que desinfecta el agua con radiación solar directa, sin electricidad ni químicos.

La idea dejó de ser un proyecto personal en 2015, cuando nació SDW For All, la empresa que Beserra fundó para desarrollar tecnologías de acceso al agua y saneamiento en comunidades donde las soluciones convencionales encuentran mayores dificultades. Una década después, la firma reporta operaciones en 16 estados brasileños, presencia internacional y decenas de miles de personas alcanzadas; según datos de la propia compañía, sus proyectos lograron una reducción del 92% en enfermedades de transmisión hídrica entre las poblaciones atendidas.

Anna Luísa Beserra, CEO de SDW For All, exponiendo ante un jurado calificador en el Startup Summit 2026.

El negocio detrás de una buena idea

El crecimiento, sin embargo, no se apoyó solamente en vender un producto. SDW amplió su portafolio con soluciones familiares y comunitarias capaces de trabajar con distintas fuentes de agua, y construyó una metodología que combina diagnóstico del territorio, instalación, capacitación, seguimiento y medición de impacto; ese último tramo —conseguir que la solución siga funcionando después de instalada— es, según la propia fundadora, la parte más difícil del negocio y la que más lo diferencia del de un simple proveedor de tecnología.

La pregunta que resolvió la startup es tan comercial como social: ¿quién paga por llevar una solución a familias que muchas veces no pueden costearla? La respuesta de SDW fue separar al cliente del beneficiario. La empresa trabaja principalmente con compañías que financian programas de impacto y busca ampliar su participación en proyectos gubernamentales; Beserra señaló que sus programas empresariales rondan los R$ 150.000 (unos US$ 29.000), mientras los proyectos de mayor escala pueden llegar a R$ 2 millones (alrededor de US$ 385.000), con contratos que se extienden tres o cuatro años.

El espejo paraguayo

Guardando las distancias, esa lógica golpea de lleno en la realidad paraguaya. El Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ERSSAN) registró en 2025 alrededor de 6.300 prestadores, que abastecían a unos 5,52 millones de personas; dentro de ese universo, el 71,3% recibía agua de sistemas con desinfección, mientras el 28,7% dependía de prestadores que no aplicaban ese proceso, una brecha que interpela directamente a la salud pública. El país, además, ya convive con una enorme dispersión de Juntas de Saneamiento, comisiones vecinales y operadores privados que administran sistemas locales, es decir, la descentralización, en los hechos, ya existe, y lo que falta no es multiplicar prestadores sino sumarles tecnología, capacidad operativa y capital para sostenerlos en el tiempo.

En el Chaco, esa tensión entre infraestructura grande y respuesta ajustada al territorio ya tiene ensayos propios. El Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (SENASA) desarrolla sistemas de macrocaptación de agua de lluvia para 50 comunidades, mientras otros programas instalaron cientos de tanques y sostienen redes que combinan bombeo solar y abastecimiento con camiones cisterna. Es justamente en ese tipo de territorio disperso donde nacieron proyectos y negocios como el de Beserra; cuando la gran infraestructura tarda, cuesta demasiado o no llega, el tratamiento puede acercarse a la población y adaptarse a la fuente disponible en cada lugar.

De la necesidad al negocio financiable

Para Paraguay, la oportunidad no pasa necesariamente por importar un equipo brasileño, sino por preguntarse cuánto espacio existe para que una empresa —extranjera, local o mixta— desarrolle o adapte soluciones de ese tipo con financiamiento público, cooperación internacional o inversión privada. El país ya tiene antecedentes de proyectos hídricos que combinan al Estado con organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la cooperación española, además de iniciativas donde empresas y fundaciones aportan recursos para llevar infraestructura a comunidades; el modelo de SDW simplemente añade una pieza a ese ecosistema, la de contratos de impacto que incluyen instalación, operación y medición de resultados, y que convierten una necesidad social en un proyecto financiable.

ABC Negocios estuvo presente mientras SDW For All presentó su propuesta la semana pasada en el Startup Summit 2026, en Florianópolis, ante inversionistas y empresas que buscan nuevos mercados. La historia de Anna Luísa empezó tratando de potabilizar el agua que su familia guardaba en una cisterna; una década más tarde, esa misma idea es una empresa que negocia contratos plurianuales y compite por espacio en un evento donde se reparten millones de dólares en capital de riesgo.

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