60% del rendimiento agrícola se define bajo tierra

60% del rendimiento agrícola se define bajo tierraIvelin Denev

La nutrición de suelos se ha consolidado como uno de los factores más determinantes para potenciar el rendimiento y la productividad agrícola. Estudios técnicos coinciden en que hasta el 60% del potencial productivo de un cultivo depende de la disponibilidad de nutrientes y de las condiciones físicas y biológicas del suelo.

ABC Rural conversó con el Ing. Agr. Rolando Dickel, asesor técnico y productor, para indagar sobre las estrategias existentes para potenciar los cultivos del agro paraguayo, quien sostiene que “para que una planta se desarrolle plenamente, la base está en su principal fuente de alimentación: las raíces y el entorno donde estas se desarrollan”.

Dickel explica que cuando las raíces encuentran un suelo equilibrado, con buena estructura, materia orgánica y nutrientes disponibles, la planta logra expresar su máximo potencial genético. “Un suelo bien nutrido permite que el cultivo crezca más fuerte, con mayor vigor y sanidad, lo que finalmente se traduce en mayor rendimiento y mejor calidad al cierre del ciclo productivo”.

De gasto a inversión que requiere paciencia

Desde una mirada económica, el especialista enfatiza que la fertilización no debe considerarse un gasto, sino una inversión. “Está comprobado que el retorno llega con el tiempo. No se puede hablar de un monto fijo porque influyen muchos factores: el tipo de suelo, su fertilidad natural, el historial de manejo, el sistema productivo y el objetivo de rendimiento del productor”. En promedio, una correcta planificación nutricional puede mejorar los rindes entre un 20% y un 40%, dependiendo del cultivo y la región.

Uno de los principales errores que cometen los productores, según Dickel, es la elección incorrecta de los insumos. “Muchas veces se utiliza el fertilizante más barato o el primero que está disponible, sin realizar un análisis previo que indique si ese nutriente es realmente lo que el suelo necesita”, advierte.

A esto se suma otro problema frecuente: intentar implementar un sistema de nutrición equilibrada y abandonarlo rápidamente por no obtener resultados inmediatos. “Un buen sistema de manejo lleva tiempo, es un proceso de incorporación gradual”, remarca.

Diagnóstico del suelo

Para avanzar hacia una nutrición eficiente, el primer paso es conocer el estado real del suelo. “Antes de planificar la siembra y la fertilización, debemos saber cómo está el suelo física y químicamente”.

A partir de ese diagnóstico se planifican los cultivos, las rotaciones y las prácticas de manejo. El análisis de suelo permite determinar qué nutrientes están en déficit y cuáles en exceso, optimizando la eficiencia de los insumos aplicados.

Si bien todos los nutrientes son esenciales, Dickel aclara que no todos los suelos presentan las mismas limitantes. En distintas regiones agrícolas se observan deficiencias recurrentes de potasio, magnesio, boro, molibdeno, zinc y silicio, elementos clave para el desarrollo vegetal, la resistencia al estrés y la eficiencia metabólica de los cultivos. “Cada región tiene sus particularidades y eso obliga a un manejo diferenciado”, sostiene.

Rotación de cultivos

En este esquema, la rotación de cultivos cumple un rol central en la fertilidad del suelo. “La rotación introduce diversidad de raíces, aumenta la biodiversidad y mejora la disponibilidad equilibrada de nutrientes. Los distintos cultivos aportan y reciclan nutrientes que luego quedan disponibles para los siguientes”, explica Dickel. Este enfoque permite reducir la dependencia exclusiva de fertilizantes químicos y fortalecer el sistema productivo en el largo plazo.

Para evitar la degradación de los suelos, el especialista recomienda trabajar bajo un sistema de siembra directa, que incluya de manera obligatoria la incorporación de abonos verdes y cultivos de cobertura. “Estos cultivos aumentan la materia orgánica y la actividad microbiológica del suelo, generando una estructura con mayor cantidad de agregados, muy similar a la de los suelos nativos, e incluso superior en algunos casos”, detalla.

3 secretos para potenciar cultivos

Dickel resume el manejo sustentable en tres pilares fundamentales: no remover el suelo, rotar cultivos e incorporar abonos verdes. “Si trabajamos sobre estos principios, estaremos conservando y mejorando la materia orgánica y la salud del suelo, que es la base de todo el sistema productivo”.

Desde una mirada ambiental y económica, la nutrición balanceada del suelo contribuye directamente a una agricultura más sustentable. Al aplicar únicamente los nutrientes necesarios, se logra una mayor eficiencia en el uso de insumos, cultivos más sanos y una reducción en el impacto ambiental. “La mejor herramienta para mejorar la fertilización es el reciclaje de nutrientes a través de plantas de cobertura, que devuelven al suelo gran parte de lo que extraen”, sostiene.

En los sistemas de siembra directa, la incorporación de biofertilizantes e insumos orgánicos también juega un papel clave. “Buscamos la mayor armonía posible con la naturaleza. Estos productos ayudan a fortalecer el equilibrio biológico del suelo y potencian la disponibilidad de nutrientes”, explica Dickel.

Vacuna para estrés hídrico y plagas

El profesional subraya que invertir en la estructura y nutrición del suelo genera mayor rentabilidad.

Un suelo equilibrado permite que las plantas estén mejor preparadas frente al estrés hídrico, plagas y enfermedades, reduciendo costos de control y aumentando la productividad.

“A los productores que aún ven la fertilización como un gasto, les recomiendo que se animen a pensar diferente y traten al suelo como un tesoro. Para alimentar al mundo, primero debemos alimentar al suelo”, indica.

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