Biológicos salen del nicho y ganan terreno

Biológicos salen del nicho y ganan terrenoArchivo, ABC Color

Un biofungicida a base de tres especies de Bacillus suma en promedio 235 kilos de soja por hectárea en redes de ensayos de Paraguay y Brasil. Inoculantes, bionematicidas y bioinsecticidas ya entran en los programas de cultivos extensivos. Se anuncia la llegada del primer bioherbicida al mercado local, que podría marcar un avance en las estrategias de control de malezas.

En la bolsa de semillas, junto al curasemillas químico, ahora viaja también un frasco de bacterias. En el pulverizador, el fungicida convencional comparte tanque con microorganismos vivos. Lo que antes parecía cosa de huertas orgánicas hoy se aplica en miles de hectáreas de soja, maíz y trigo.

La agricultura atraviesa una etapa de reinvención. Hay que producir más y mejor, sin que suban los costos y con mercados cada vez más exigentes. En ese tablero, los insumos biológicos dejaron de ser una curiosidad para convertirse en herramientas de eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad.

“Estas soluciones ya no están limitadas a la producción orgánica o agroecológica. Hoy forman parte de los programas de manejo de cultivos extensivos como soja, maíz, arroz, trigo y caña de azúcar”, afirma a ABC Rural Hugo González, gerente de Marketing y Desarrollo de Dekalpar SA.

Del nicho a la escala

La familia de biológicos es amplia: inoculantes, solubilizadores de nutrientes, bionematicidas, biofungicidas y bioinsecticidas. Pronto se sumarán los bioherbicidas, que prometen abrir otro frente en el manejo de malezas.

Según González, la incorporación a gran escala responde a una lógica productiva. El agricultor busca soluciones complementarias que le permitan afinar el manejo y responder a una producción que exige cada vez más.

El crecimiento del segmento tiene una condición: demostrar el valor con ensayos y datos confiables. La innovación por sí sola no vende.

“El productor necesita comprobar en su propio lote que una tecnología le genera beneficios concretos y mejora el resultado de la campaña”, señala González.

Por eso la investigación y el desarrollo a campo son la base de cualquier decisión de inversión. Los ensayos locales y regionales, tanto en ámbitos académicos como en campos de productores, vienen mostrando resultados interesantes y refuerzan la confianza en estas herramientas.

La validación técnica y económica pesa más en un sector donde los márgenes, el precio de los insumos y los rindes definen cada compra. La evidencia obtenida en condiciones reales es lo que permite una adopción más amplia y responsable.

235 kilos más por hectárea

Entre las categorías con expansión sostenida se destacan los biofungicidas, cuyo uso crece año tras año.

González cita el caso de Bombardeiro, un producto formulado con una mezcla de tres especies de Bacillus spp., que se posiciona como el biofungicida más utilizado en la sojicultura brasileña y paraguaya.

De acuerdo con redes de ensayos a campo realizadas en ambos países, el producto registra un aumento promedio de 235 kilos de soja por hectárea.

“Ese resultado depende del manejo que adopte cada agricultor. Por eso es tan importante medir el desempeño de los biológicos en condiciones productivas”, aclara.

Los números permiten analizar el aporte de cada producto dentro de un programa integral y evaluar cuánto puede sumar al rendimiento final.

Biológicos salen del nicho y ganan terreno

Paraguay acorta la brecha

En el mercado local, los biológicos ya forman parte de los programas integrados de manejo de un número creciente de productores. González observa en los últimos años un mayor interés y una adopción más marcada, de la mano de la evolución de la industria.

“Todavía estamos por debajo de Brasil en porcentaje de adopción, pero la tendencia apunta a que esa brecha se reduzca progresivamente”, sostiene.

La experiencia brasileña funciona como referencia regional: muestra el potencial de estas herramientas en sistemas agrícolas de gran escala.

Criterio técnico

El desafío ahora es sostener el crecimiento con capacitación, ensayos locales y acompañamiento técnico. Así el agricultor podrá identificar las alternativas más adecuadas para sus condiciones, con información que respalde cada decisión.

Para González, la clave está en que distribuidores, asesores y productores compartan información sobre el uso correcto de cada tecnología.

“La elección tiene que considerar el cultivo, la presión de plagas o enfermedades y los objetivos de rendimiento. No hay que esperar el mismo resultado en todos los sistemas”, advierte.

El mensaje apunta a evitar expectativas uniformes y a priorizar el aporte de cada biológico dentro del sistema productivo de cada establecimiento.

Llega el bioherbicida

Las perspectivas para el segmento en Paraguay son prometedoras. Entre los próximos hitos, González destaca el lanzamiento previsto del primer bioherbicida del mercado, una novedad que podría marcar un avance en las estrategias de control de malezas.

En un escenario que exige subir los rindes de manera sostenible, estas tecnologías podrían ganar peso en cada nueva zafra.

“Su función no es reemplazar automáticamente las herramientas convencionales, sino complementar las estrategias existentes y contribuir a una gestión más eficiente de los cultivos”, explica.

La consolidación dependerá de la innovación, de la evidencia obtenida en el campo y de la capacidad de ofrecer resultados que justifiquen la inversión.

“Los biológicos tienen condiciones para ganar protagonismo en la agricultura paraguaya y convertirse en aliados de una producción competitiva y sostenible”, concluye González.

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