Estamos a dos meses de culminar un año, pero este, indudablemente, ha sido uno de los más duros de los últimos tiempos. Se siente más porque mirando desde donde sea, el mundo entero se ha enfermado; millones han fallecido por una enfermedad que, como una ruleta rusa, ha seleccionado a quiénes llevarse. Acompañando lo que representa lo más valioso para un ser humano; la salud, como siempre, aparecieron enemigos conocidos a sumar desgracia a nuestro país. Hechos de corrupción con “castigos” que no son más que una bofetada irritante a un pueblo que tuvo que soportar angustiosos meses de encierro y el cambio total de vida que ha traído la pandemia.
En este cansancio que se viene dando en un año en el que todos dicen “ovalema”, como un deseo de que se cierre un ciclo, han aumentado el miedo, la incertidumbre de lo que vendrá en el futuro. Sabemos que, y aquí es donde entramos todos, el golpe que recibimos con las restricciones a las libertades trajo un real e inesperado distanciamiento social que ha provocado un daño anímico muy importante. Este hartazgo se ve en varios ámbitos, y más aún en las redes sociales, un lugar considerado de escape para muchos que descargan su enojo o frustraciones, que se convierten en agresiones contra personas que ni siquiera conocen.
La intolerancia vista en redes sociales se ha montado como un jinete para atacar sin filtro alguno. Esto preocupa. Es el reflejo de las desmotivaciones, de las preocupaciones y de la desesperanza, que nos muestra la necesidad de ir en la búsqueda del equilibrio para conservar la salud mental, un punto sobre el cual se debe trabajar más, tras meses de un fuerte impacto. Necesitamos salud, no solo la física por la que peleamos día a día tomando todos los recaudos que nos remarcan desde hace meses. Necesitamos cuidar la salud de nuestra mente; cuidar el alma, el de nuestros niños, el de nuestros adultos mayores. También necesitamos noticias positivas, sin desprendernos e ignorar la realidad a la que nos enfrentamos en el día a día. La vida no puede sostenerse con negatividad.
Así que, desde donde nos compete y a pesar de los enojos que puede causar, las seguiremos contando, a la par de ir remando para salir adelante. Si no ha llegado la sombra de la muerte a arrebatarnos a aquellos que amamos, o a nosotros mismos, nos da la oportunidad de valorarnos, de disfrutarnos, de cuidarnos y de seguir peleando, juntos, pero con la cabeza fría.