Dicen que en los momentos de crisis es cuando tenemos, a la vez, la oportunidad de sacar grandes enseñanzas. “Todo depende del cristal con que se lo mire”, como dice un refrán. Así que hoy, miremos con los ojos del aprendizaje a este año.
Aprendimos a hacer “home office” y, en medio de ello, a combinar tareas cotidianas con los quehaceres familiares.
Aprendimos a tener reuniones de trabajo de manera virtual, con una camisa o blusa impecable para la web cam, pero con pijamas y descalzos fuera de ella; también con algún que otro blooper que en algunos casos, incluso, se viralizaron en las redes sociales.
Aprendimos a ponernos creativos en la cocina, siguiendo recetas en internet; nos suscribimos a un montón de canales de Youtube u otras plataformas y, tal vez, hasta nos frustramos al no lograr el plato de chef que veíamos con la expectativa de que así sería.
Aprendimos a convertirnos en ayudantes de los maestros; empezamos a sentarnos más con los chicos para hacer las tareas escolares.
Aprendimos a ser “expertos” en todo; hicimos albañilería, pintura, jardinería y todo lo que se podía en aquellas primeras épocas en las que todos nos quedamos encerrados y pudimos notar cada detalle que requería de reparación en nuestro hogar.
Aprendimos a saludar distinto, sin aquellos abrazos que se extrañan, sin una palmada, sin besos, solo un puño o un codo, incluso solo el pie.
Aprendimos sobre empatía, sobre la solidaridad que se hizo presente a través de distintas movilizaciones, personas, de la web como ayudapy.org. Aprendimos a compartir con aquellos que, de un día para el otro, se quedaron sin nada.
Aprendimos a seguir rutinas de ejercicios en la casa; nos sumamos a las carreras virtuales cargando los tiempos en la web y hasta logramos alguna medalla. Sí, aprendimos, también, a convivir con los negacionistas o aquellos que dicen que el covid es solo un invento de los medios de comunicación.
Aprendimos a compartir, a escuchar. Definitivamente, este año, como nunca, aprendimos a valorar, sobre todo a la familia, cada momento vivido y que hoy miramos con añoranza.
Aprendimos a valorar cuando hay salud, cuando hay trabajo. Se pudo sentir, de verdad, que también es un año que se va con la oportunidad que nos da la vida misma para enseñarnos a vivirla a pleno y disfrutarla con otra visión. Y… que seguiremos aprendiendo.