Viva Parler!

Reconoce el Artículo 107 de nuestra Constitución que “Toda persona tiene derecho a dedicarse a la actividad económica lícita de su preferencia, dentro de un régimen de igualdad de oportunidades”.

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Para que lo anterior sea posible, “Se garantiza la competencia en el mercado. No serán permitidas la creación de monopolios y el alza o la baja artificiales de precios que traben la libre concurrencia”.

Estas simples, y por eso poderosas, disposiciones de nuestra Constitución fueron la propuesta entonces completamente revolucionaria de Adam Smith en “La Riqueza de las Naciones”, su violento manifiesto de 1776 contra los oligopolios.

Toda la obra, ahora ya piedra angular de la ciencia económica, se desarrolló por la aversión que Smith sentía por las consecuencias del monopolio, el oligopolio, los privilegios para trabajar otorgados por los gobiernos, y los documentó muy detalladamente.

Si se pudiera sintetizar el pensamiento de Smith, aunque difícilmente mejor de lo que lo logra el mencionado Artículo 107, podría decirse que propone un Estado muy fuerte, que no se meta en la economía salvo para prevenir o quebrar los monopolios y proveer educación e infraestructura.

Smith demostró que los monopolios que el gobierno británico otorgaba a sus entenados impedían el progreso y empobrecían a la mayoría y su militante propuesta fue simple, y por tanto poderosa: Destruir los monopolios y prevenir que se formen.

Recuerdo hoy todo lo anterior porque las empresas tecnológicas norteamericanas (Big Tech), Amazon, Apple, Google, Facebook y Twitter formaron, por motivos políticos, un oligopolio, ya penalmente denunciado por cuarenta y ocho de los cincuenta Estados de la Unión por representantes pertenecientes a los dos grandes partidos norteamericanos.

La denuncia penal no ha impedido que el oligopolio se comporte como tal, como lo denunció Adam Smith: Impidiendo a la gente que se dedique a la actividad económica de su preferencia, impidiendo la libre concurrencia en su campo de actividad.

No sólo estableciendo la censura previa por razones ideológicas y sin debido proceso alguno, lo cual dejó literalmente sin ingresos a miles de los que viven de producir programas en YouTube, por ejemplo. El oligopolio alega su supuesto derecho como “empresas privadas” a imponer cualquier abuso.

El oligopolio impide, por ejemplo, que plataformas competidoras de Twitter como Parler puedan existir. Para este tipo de situaciones es que Adam Smith proponía un Estado poderoso, capaz de romper el oligopolio y liberar las fuerzas del mercado.

El oligopolio de las Big Tech no tiene nada que ver con el ejercicio de potestades de empresas privadas, esa es una de las mayores mentiras de nuestro tiempo.

Un oligopolio es un acto de fuerza por el que se abusa de una posición dominante. Con justa razón Adam Smith los repudiaba. Y cuando una sociedad no puede quebrar los oligopolios que la oprimen, como ocurre ahora en Estados Unidos, simplemente es señal que confirma su profunda decadencia.

evp@abc.com.py

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