Como maravillosa máquina, el organismo sabe lo que le conviene y lo que tiene que aprovechar para fortalecer las defensas, es decir las células, los tejidos y los órganos que funcionan y nos da vida.
Los reflexólogos rusos Vladimir Becheterec, Iván Sechenov e Iván Pavlov ya realizaron trabajos en el siglo pasado sobre la importancia de la calidad de la sangre que va al cerebro. Debe estar bien limpia y nutrida en forma correcta para su normal funcionamiento. Si le falta algunos de los nutrientes esenciales aparecen los problemas como las percepciones raras, la depresión y miles de clases de enfermedades. La incidencia de la mala nutrición y la intoxicación con cientos de productos industriales, conocemos de sobra.
Ahora bien, no solamente los alimentos elaborados artificialmente nos envenenan. También recibimos toxinas por la contaminación ambiental, por el agua que bebemos, el aire que respiramos, los cosméticos que usamos, los medicamentos de farmacias, el tabaco, el alcohol, las drogas peligrosas, los metales pesados, los pesticidas que manipulamos y los químicos. Como podemos observar, estamos llenos de venenos.
Los nutricionistas sostienen que acumular toxinas adentro de las células produce el llamado “stress oxidativo”, esto hace que nos sintamos siempre agotados y sin energía. Los investigadores actuales llegaron a descubrir que esta situación hace que Las mitocondrias, las usinas de las células, no puedan trabajar bien. Además de causar la fatiga usual lleva a enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, obesidad, enfermedades autoinmunes y degenerativas como parkinson y alzheimer. Inclusive cáncer.
Las digestiones pesadas producen muchas toxinas en el cuerpo. Absorbemos los nutrientes cuando estos pasan a la sangre pero para este correcto proceso requerimos que los vasos sanguíneos se encuentren limpios.