En la fila de la vida

Ayer, ¡al fin!, se amplió el rango de edad para vacunarse contra el covid-19. Todos los que tienen 55 años cumplidos (o por cumplir este año) en adelante están habilitados para recibir la primera de las dos dosis de vacunas Astrazeneca, Sinopharm y Sputnik V, disponibles nuestro país.

Desde el viernes de tarde, llenos de esperanza, miles de personas se agolparon a los 200 vacunatorios en diversos puntos del país para asegurar sus lugares para recibir los pinchazos de vida. No es lo ideal, pero es lo que hay. Aprovechando el feriado del 12 de junio por la Paz del Chaco, se habilitaron las inoculaciones a todos los que cumplen el rango de edad y las mismas continuarán hoy; desde mañana, las vacunaciones se realizarán por terminación de números de cédula. Lo concreto es que en la jornada de ayer recibieron sus primeras dosis 23.261 personas en todo el país (10.137 en Central, 8.183 en Asunción, 1.340 en Itapúa, 1.121 en Caaguazú, 1.090 en Cordillera, 1.200 en Alto Paraná y 190 en Canindeyú). Hay que recordar que el consumo de bebidas alcohólicas no es recomendable a los recién inoculados.

En la jornada también hubo incidentes, producto de la impaciencia y las largas horas de espera, así como el corte de inoculaciones por el horario. Más allá de lo perfectible que puede ser el sistema de vacunación, no debemos olvidar que los licenciados y licenciadas en enfermería que aplican las dosis están trabajando en la primera línea de batalla salvando vidas y aplicando dosis de esperanza. Son personas que estuvieron en una extenuante jornada de pie, repitiendo un procedimiento cual soldados de esperanza, convirtiéndose en héroes y heroínas en bata. Tengámosles paciencia y seamos empáticos. En este momento, ellos son seres cruciales en esta guerra contra el coronavirus. Ellos nada tienen que ver con las autoridades corruptas o con el infame mecanismo Cóvax, que prioriza a otros países dejándonos con los brazos vacíos los paraguayos.

Es cierto que lo ideal es que todos podamos acceder a las vacunas sin distinción, que existen grupos prioritarios como las personas con capacidades diferentes, con síndrome de Down, enfermos crónicos y otros. Pero esta imperfecta primera jornada (que se espera corrijan) representa de alguna manera por fin una buena noticia, un hilo de esperanza en medio de tanta tragedia que se ha llevado a más de 10.000 paraguayos y paraguayas: un padre, una madre, una esposa, un esposo, un hermano, una hermana. En nuestro caso, el de los periodistas, las pérdidas tienen los rostros de aquellos colegas con los que compartíamos teclado, cabina y micrófono. Ojalá más temprano que tarde todos tengamos la oportunidad de formar la fila de la vida rumbo a las ansiadas vacunas.

mescurra@abc.com.py

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