Dar y recibir

En nuestro calendario, estas fechas son motivo de reflexión y análisis. Algunos más optimistas, otros un poco menos, aguardan el futuro como un tesoro que traerá consigo bienestar o desdicha, dependiendo de la visión que tengan del mundo. Lo cierto es que al decir de Mark Stevenson, el mundo será siempre gobernado por los optimistas.

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Para ponerlo en perspectiva, recordemos como terminábamos el año 2020. Una incertidumbre absoluta y saludando a nuestros seres queridos del otro lado de una pantalla o una bocina de teléfono, augurándonos un mejor año para toda la humanidad.

Hay cierto tipo de individuos que no esperan recibir al destino como un evento fortuito, sino que salen a enfrentarlo con más actitud que aptitud. Estos hombres y mujeres son los optimistas.

Imaginemos al mundo en época de la gran peste negra o de la gripe española. En aquel mundo existían escépticos que se sentaron a esperar que los dioses, los santos o simplemente la buena fortuna los alcanzase para salvarlos de una muerte casi segura.

Personas como Katalin Karikó no estaban en este último grupo. Quizás aún no sepamos quien es, pero ojalá que el tiempo y la historia ubique su nombre entre las grandes personalidades a quienes recordemos siempre como una mujer que nos brindó la oportunidad de seguir viviendo.

Húngara de nacimiento, expatriada a los EEUU para realizarse en su carrera de bioquímica, mientras el llanto y las estadísticas nos paralizaban en el miedo en el transcurrir de la pandemia, no cejó sus esfuerzos investigando en la obscuridad para develar la maravillosa plataforma de las vacunas Moderna BioNTech, precursoras de las demás plataformas para combatir al coronavirus.

Como toda historia cargada de heroísmo sus estudios fueron rechazados más de una vez. Sin embargo, como toda persona encargada de dar antes que recibir, siguió sus esfuerzos hasta que finalmente pudo convencer a las exigentes autoridades sanitarias de los Estados Unidos que el ARN mensajero es un camino disruptivo e innovador para abrir la puerta a futuras vacunas que pueden mejorar la calidad de vida de millones de personas que padecen de enfermedades infecto contagiosas.

Su “corto” intento duró 30 años.

Dicen que una de las claves de la felicidad es la gratitud. Ojalá que cuando levantemos las copas recordando a quienes no alcanzaron a recibir las dosis de las vacunas que nacieron a partir de la dedicación heroica de esta mujer, también brindemos por ella, agradeciéndole su entrega y amor por los demás.

Ojalá que ese sentido de gratitud nos lleve a solucionar los problemas de nuestra cuadras, de nuestros vecinos. Ya que pocos tendremos la oportunidad de estar donde Karina pudo estar, nuestra actitud puede salvar la vida de quienes nos rodean, con algo de empatía y mucho de esfuerzo.

Porque no hay nada tan pequeño ni más grande de lo que un sólo individuo puede dar.

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